El Fútbol Club Barcelona vive uno de los episodios más bochornosos de su historia reciente. La promesa de Joan Laporta de tener el nuevo Camp Nou parcialmente listo para el inicio de la temporada 2025-2026 quedó en entredicho, y el club se vio obligado a disputar su primer partido liguero en casa contra el Valencia (6-0) en el modesto estadio de la Ciudad Deportiva Johan Cruyff, con un aforo que apenas llega a los 6.000 espectadores.
Una cifra irrisoria para un club que presume de ser “més que un club” y que ha pasado de llenar un estadio con casi 100.000 almas a jugar en un campo de tercera categoría. El equipo salvó la imagen de una directiva a la deriva. Las obras del Spotify Camp Nou, parte del megaproyecto Espai Barça, han acumulado retrasos considerables, y lo más alarmante es la falta de transparencia y liderazgo por parte de la junta directiva.
Camp Nou: obras eternas
En campaña, Laporta aseguró que el equipo volvería a su casa en noviembre de 2024. Hoy, en septiembre de 2025, las grúas siguen dominando el skyline del barrio de Les Corts, y ni siquiera se vislumbra una fecha realista de regreso. El optimismo ha dejado paso al escepticismo, y lo que debía ser una obra emblemática se ha convertido en una pesadilla operativa.

El exilio forzado a Montjuïc ya había tensado la relación con los socios, pero este nuevo traslado a un estadio de tan reducido aforo ha superado todos los límites de lo imaginable. La situación no solo afecta la imagen institucional del club, sino que también representa un mazazo económico: la venta de entradas, los ingresos por merchandising y la experiencia del aficionado se ven dramáticamente reducidos, agravando la ya delicada situación financiera del Barça.
Lo más grave no es solo el retraso, sino la falta de exigencia y control por parte de la directiva hacia las constructoras encargadas del proyecto. Laporta y su equipo no han sabido —o no han querido— presionar a los responsables para cumplir los plazos establecidos. La falta de previsión ha provocado que, en lugar de un regreso triunfal al Camp Nou, el Barça inicie la temporada en un escenario más propio del filial. Una imagen impropia de un club de élite.
Un Camp Nou a medio hacer
Mientras tanto, las imágenes del estado actual de las obras son desoladoras. Estructuras a medio levantar, gradas sin completar, instalaciones eléctricas sin terminar y zonas de seguridad aún inoperativas. Técnicos y arquitectos reconocen en privado que falta mucho más que «unas semanas» para que el estadio esté mínimamente operativo. Lo que Laporta presentó como una “intervención controlada” ha resultado ser un monumental ejemplo de mala planificación.
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