Y La Verneda brindó…

Joan Ferran, autor de 'Desde la aspillera' (Ediciones Hildy)

Diré el pecado y los pecadores, no teman. Lo confieso, comienzo a estar un poco cansado de la manipulación de la historia, de la atribución generosa de acciones heroicas a unos, del silencio malintencionado hacia otros.

De un tiempo a esta parte asistimos a versiones del pasado que, en mi opinión, obvian muchas de las cosas que sucedieron. Unos y otros quieren fabricarnos una historia a su medida. Quieren acostumbrarnos a la veneración, casi religiosa, de los prohombres de determinadas formaciones políticas El nacionalismo catalán, en todas sus versiones, pretende condenar al olvido a colectivos, partidos y sindicatos que en el pasado tuvieron un papel relevante en la historia del país.

El criterio de estos nuevos censores es obviar y condenar al ostracismo las ideas que hoy no comulgarían con la denominada Cataluña oficial. Esta discriminación se refleja a menudo mediante un tratamiento exquisito, y reverencial, hacia políticos y partidos (permítanme la expresión) del establishment republicano burgués, y el olvido de los demás. Mi mal humor, digamos histórico, se desató hace pocos días cuando, en el transcurso de una tertulia televisiva, un independentista de derechas manipuló sin rubor la figura y el pensamiento de Salvador Seguí, El Noi del Sucre, para rebatir a sus contrincantes. El hecho no pasa de la anécdota pero da que pensar. Si además de la clásica condena al olvido añadimos una utilización partidista de personas e ideologías, distantes entre sí años luz, la tergiversación del pasado deviene ruin y perversa. Ante situaciones de este tipo la ignorancia es peligrosa; el silencio, a menudo, insultante.

De un tiempo a esta parte algunas publicaciones e Institutos, de pretendida investigación histórica, hacen hincapié exclusivamente sobre hechos y personas ideológicamente útiles a su credo. Tanto es así que parece que en la vida de este país sólo existan, por ejemplo, los acontecimientos de 1714, la política institucional de la Generalitat Republicana y el “pujolismo. Error. Esos supuestos ‘divulgadores’ nos quieren ocultar, por ejemplo, que el 19 de julio de 1936 la rebelión militar fue sofocada por la actuación decidida de los trabajadores en armas organizados en sus sindicatos de clase. Pretenden también ningunear la lealtad de la Guardia Civil con la legalidad republicana, etc.

Muchos de estos ‘divulgadores’ pretenden desdibujar el protagonismo del proletariado catalán, tanto en la retaguardia como en el frente. Uno tiene la impresión de que, para algunos, la lucha revolucionaria de los obreros durante los inicios del siglo XX es un estorbo para la construcción de su relato secesionista. Mientras en 1934 el consejero de gobernación, José Dencás, huía por las alcantarillas de la Generalitat y marchaba al exilio otros -como los Ascaso o Bonaventura Durruti- ya intuían que la muerte les aguardaba defendiendo la legalidad republicana contra los golpistas.

Pero de nacionalismos sectarios y manipuladores los hay para todos los gustos. Crece un rancio nacionalismo español, de inspiración neo franquista, empeñado en tergiversar la historia a su antojo. En este mismo diario, sin ir más lejos, un columnista de VOX ha puesto en tela de juicio la arbitrariedad de los fusilamientos en el Camp de la Bota  denostando el monumento que allí se levanta en recuerdo de los ejecutados. Ha insultado la memoria de los ejecutados insinuando que eran viles asesinos y delincuentes. Ha glosado la visita de los Franco al barrio de la Verneda obviando, por ejemplo, que cuando el dictador acudía a Barcelona se prodigaban las detenciones ‘preventivas’, las escuelas y algunas empresas ‘recomendaban’ a sus trabajadores y alumnos ovacionar al ‘Caudillo’.

Este revisionismo de extrema derecha, capaz de justificar las acciones del franquismo, es tan nocivo como el del independentismo más fanatizado. Ocultar que el régimen franquista se cimentó sobre el terror, los fusilamientos indiscriminados y la falta de libertades es faltar a la verdad. Una cosa si les puedo asegurar: En los bares de la Verneda se brindó con vino y cava cuando Franco murió.

Por Joan Ferran


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