En estos dos últimos días hemos visto lo que representa el separatismo: disturbios, contenedores quemados y enfrentamientos entre sus propios grupos de extrema izquierda y derecha que se odian entre sí.
Mientras ellos se pelean, nosotros seguimos firmes con nuestro cometido:… pic.twitter.com/wDa9gLejaf
— 🤝ASOCIACIÓN🇪🇸 UNIÓN DE BRIGADAS🇪🇸 (@uniondebrigadas) September 12, 2026
El colectivo Unión de Brigadas ha retirado propaganda separatista en la vía pública en la localidad gerundense de Torroella de Montgrí. Y lo ha hecho recordando los recientes enfrentamientos entre radicales secesionistas de extrema izquierda y extrema derecha durante los actos de la Diada, y que han acabado con un par de docenas de detenidos por los Mossos d’Esquadra.
«En estos dos últimos días hemos visto lo que representa el separatismo: disturbios, contenedores quemados y enfrentamientos entre sus propios grupos de extrema izquierda y derecha que se odian entre sí. Mientras ellos se pelean, nosotros seguimos firmes con nuestro cometido: limpiar las calles de propaganda separatista/golpista», han dicho en sus redes sociales.
Las calles y plazas de Cataluña arrastran desde hace años una preocupante ocupación partidista que vulnera el principio de neutralidad institucional. Farolas, semáforos y mobiliario urbano han servido de soporte habitual para una propaganda excluyente que pretende monopolizar el paisaje de todos.
Frente a esta anomalía democrática, un colectivo ciudadano ha decidido plantar cara mediante la acción directa y pacífica. Se trata de Unión de Brigadas, una plataforma de voluntarios que ha transformado la protesta espontánea en una red cívica perfectamente organizada.
Sus integrantes ejecutan su labor con una meticulosa planificación logística que suele desarrollarse de madrugada. De este modo, evitan cualquier interferencia en el tránsito diario y demuestran un riguroso respeto hacia el resto de los vecinos y conductores. El motor de esta iniciativa es estrictamente altruista y descansa por completo sobre los hombros de particulares. Ninguno de sus miembros cobra un solo euro, y sufragan los costes de los materiales directamente de su bolsillo o mediante aportaciones ciudadanas.
El propósito fundamental que guía sus pasos es recuperar el sentido primigenio de la calle como lugar de encuentro común. Sostienen con acierto que el espacio público no puede ni debe convertirse en el escaparate ideológico de una sola parte de la sociedad. Esta encomiable labor contrasta frontalmente con la dejación de funciones de numerosas administraciones locales. Muchos gobiernos municipales, cómodamente instalados en la ambigüedad o cómplices del nacionalismo, toleran la colocación ilegal de símbolos que incumplen ordenanzas.
El impacto visual de sus intervenciones resulta inmediato y sumamente beneficioso para el conjunto de la comunidad. Las fachadas, rotondas y señales recuperan su aspecto original, devolviendo el protagonismo al patrimonio arquitectónico y natural de los municipios. Con su constancia, estos voluntarios recuerdan que las normas de convivencia están para cumplirlas y que las instituciones tienen la obligación de ser imparciales. Su trabajo diario supone un ejercicio de salud democrática que desnuda las carencias del poder establecido.
Mientras los partidos de izquierda y los secesionistas sigan banalizando la apropiación partidista del territorio, iniciativas como esta seguirán siendo imprescindibles. Representan la dignidad de una ciudadanía que se niega a resignarse al paisaje de la imposición.
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