En el barrio de Les Corts, en Barcelona, hay una calle dedicada a Juan Miguel Gervilla, el agente de la Guardia Urbana que fue asesinado por ETA en el año 2000, cuando uno de sus comandos intentó matar con un coche bomba al locutor radiofónico Luis del Olmo, uno de los periodistas españoles más críticos con esta banda terrorista.
La calle dedicada a Gervilla se consiguió gracias a la presión de los sindicatos de la Guardia Urbana, y de Alberto Fernández Díaz, que presionó cuando era el presidente del grupo del PP en Barcelona. Ahora bien, justo es reconocer que la placa la descubrió Ada Colau, en presencia de los regidores socialistas Jaume Collboni y Albert Batlle. Al César lo que es del César.
En estos momentos de blanqueo continúo de los herederos de la banda terrorista ETA, bueno es recordar a sus víctimas, como José Miguel Gervilla, un ejemplo de dignidad y de servicio al ciudadano. Reconforta que en Barcelona, que tiene calles o estatuas dedicadas a personajes tan siniestros como Sabino Arana o el Dr. Robert, haya también espacios de decencia como la calle dedicada a este agente de la Guardia Urbana.
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