Reconozco que la vuelta a Primera me daba cierto temor. Tras una temporada en Segunda en la que estábamos acostumbrados a ganar con cierta facilidad — el campeonato, el ‘Pichichi’ y el ‘Zamora’ de la categoría así lo atestiguan — el volver a nuestro sitio natural me despertó varias dudas. Pocos fichajes en un mercado estacando por la crisis, el tradicional fatalismo blanquiazul, una pretemporada irregular, aunque de menos a más…
Y ahí estamos. Dando la cara y con momentos de buen juego. Un equipo serio que, con sus altibajos, ha demostrado que esta temporada no ha de ser un calvario, sino que puede ser la de la consolidación del proyecto. Un campo difícil, el de Osasuna, y una buena imagen. Un rival de respeto, el Villarreal, y no hemos ganado de milagro. Cero goles en contra, dos puntos. El único ‘pero’, que nos cuesta marcar.
La ilusión está ahí. Y puede ir a más. El viernes nos toca el Mallorca, un viejo conocido al que el año pasado ya dejamos atrás en la clasificación. No será fácil, porque el viaje a las Baleares nunca lo es para nosotros, pero las buenas sensaciones están ahí. No voy a lanzar las campanas al vuelo, pero confío en que los cuarenta y dos puntos no serán un martirio.
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