El RCD Espanyol ha de afrontar las seis jornadas de Liga que quedan a vida o muerte, dado que ha de conseguir el ascenso y volver a su categoría natural, la Primera División. No hay excusa posible para que no consiga el único objetivo posible en un club de una historia tan rica y que posee una notable incidencia social en Cataluña.
Los pericos han vivido una temporada muy irregular, alternando partidos heroicos con empates decepcionantes. Tres entrenadores han pasado por el banquillo blanquiazul, y la división entre el consejo de administración y parte de la grada ha estallado en mitad de la campaña. No importa: todos los estamentos del club espanyolista han de trabajar juntos hasta el último partido de la temporada, sea en la temporada regular, o en el playoff.
Hasta ahora la historia ha sido benévola con el Espanyol en su paso por la Segunda División. En los cinco anteriores pasos por esta categoría el club perico ha conseguido el ascenso en el primer año. No hay motivos para pensar que este año no volverá a ser así. En las tres últimas ocasiones hubo dos ascensos por la puerta grande (con Camacho y Vicente Moreno en el banquillo) y otro agónico tras una promoción y una tanda de penaltis que se hizo eterna (con Juanjo Díaz). Da igual cómo se consiga, lo importante es volver a Primera.
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