«No daremos ningún paso atrás en las políticas de igualdad», así de chulo se ha puesto el alcalde de Barcelona, Jaume Collboni, en respuesta al Gobierno de Donald Trump por exigir al Ayuntamiento de Barcelona que aplique su directiva contra la inclusión en el proyecto cultural American Space, que se desarrolla en la Biblioteca Ignasi Iglésias, en el distrito de Sant Andreu.
Este gesto vacío de Collboni es pura propaganda para tapar su pésima gestión de la ciudad, que está atenazada por la delincuencia, llena de suciedad y con una movilidad desastrosa. El único temor que puede sentir Trump de Barcelona es que alguno de sus amigos venga de visita a la ciudad y le roben el reloj, le den una paliza, le apuñalen o le quieran apuntar a un taller de nuevas masculinidades.
Pero esa declaración altisonante de Collboni le valdrá para dar munición amorosa a los medios que mima el socialismo para que le hagan la pelota al alcalde más ‘progresista’ del mundo mundial. Más le valiera arreglar los problemas de la ciudad, pero esta cuestión nunca fue una prioridad para el continuador de las políticas nefastas de Ada Colau.
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