Traición catalana, traición germana

Entiendo que la actividad política de los separatistas catalanes ha estado presidida en todo momento  y en cada una de sus etapas por la deslealtad; deslealtad entre ellos y deslealtad con los españoles.

En el fondo, esa deslealtad está ligada a su idiosincrasia en cuanto forma de ser y a su biografía colectiva en cuanto forma de actuar y estar en el mundo como grupo humano.

¿Rebelión sin violencia? Sí, sí, rebelión sin violencia; al menos, sin violencia visible o aparente, pero, en cambio, con traiciones tan descomunales como numerosas por espacio de más de cuarenta años.

Así, pues, rebelión a la catalana manera. Y, de momento, violencia de baja intensidad, pero subiendo.

¿Hubo violencia en la toma del poder (Machtergreifung)  por parte de Adolf Hitler y sus organizaciones paramilitares en la Alemania de 1933? Formalismos aparte, ¿fue realmente legal la acción que permitió el paso de una democracia tan débil como la República de Weimar a una dictadura militar, belicista y prepotente como el Tercer Reich?

Considero que Alemania -representada aquí y ahora por su Justicia y su Gobierno- ha perpetrado un delito gravísimo, totalmente inadmisible, contra España, en cuanto Estado soberano de derecho, y su Constitución, a todas luces democrática, al no entender o no querer entender que en la definición y la aplicación del delito de Rebelión la esencia semántica y denotativa corresponde al acto deliberado de alzarse contra un Estado de derecho y su ordenamiento jurídico por procedimientos ilícitos con el propósito final y capital  de subvertirlos, mientras que la violencia puede y debe entenderse como un recurso coyuntural y, por lo tanto, como un elemento connotativo que se da o no se da, sin que ello afecte de manera determinante a la esencia del concepto de rebelión.

Además, toda vez que en el caso de Cataluña la momentánea ausencia inicial de actos de violencia  responde al propósito de burlar la ley en la línea del comportamiento habitual y característico de sus promotores y sus agentes, entiendo que tal circunstancia debe verse no como un atenuante y, menos aún, como un eximente sino, muy al contrario, como un agravante del delito de rebelión.

Eso sin contar con que, además de grados de violencia, existen tipos de violencia, y es sabido que la preferida por nuestros desleales conciudadanos es y ha sido siempre la violencia psicológica,  que tiene una de sus manifestaciones más crueles y despiadadas en la muerte civil. Ellos se la vienen imponiendo sin miramientos, desde hace décadas, a todos aquellos que consideran especialmente peligrosos y/o nocivos para el triunfo de su rebelión.

Entonces, ¿por qué la judicatura alemana no solicitó más información al denunciante español antes de dictar sentencia, a mi entender, una sentencia errónea, improcedente e injusta?

De hecho, en la hoja de ruta elaborada por los responsables de la rebelión desde una perspectiva global y estratégica se detallan los actos de violencia previstos en las sucesivas etapas y los diferentes escenarios, así como su naturaleza, las personas que han de dirigirlos y las organizaciones civiles que han de llevarlos a cabo, junto con los detalles referentes a cada actuación concreta.

Emitida la sentencia y superado el control, la violencia ha empezado a ganar presencia en las instituciones, en las calles y en los corazones de los ciudadanos.

Por todo ello, no resulta aventurado imaginar que, como tantas veces en la historia, en esta parte de España y en otros puntos de Europa la violencia pura y dura aparecerá realmente cuando ya no haya remedio.

Deutschland, Deutschland, was hast Du aus der Geschichte gelernt?

Pienso que Alemania -Poder Judicial y Poder Ejecutivo- haría bien en entender que estamos ante una rebelión integrada en una conjura que se ha empeñado en hacer saltar por los aires las naciones estado de nuestro viejo y maltrecho continente.

España es sólo una de esas naciones estado.

A guisa de prueba y ejemplo

Hace muchos años (tal vez más de los que yo tengo), un ciudadano alemán estuvo hurtando electricidad durante algún tiempo a un vecino suyo por el procedimiento, hoy harto conocido entre nosotros, de tender un cable hasta su red.

El caso llegó a los tribunales y, oh milagro, el ladrón fue absuelto por la sencilla razón de que la definición de hurto/robo contenida en el Código Penal alemán de entonces decía en esencia, más o menos: “Apropiación indebida de un bien ajeno con desplazamiento de dicho bien”.

El caso obligó a redefinir los conceptos afectados por la añagaza.

Por Ramón Ibero

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