La Fundació d’Empresaris de Catalunya, conocida popularmente como FemCAT, prepara un giro en su dirección. La actual cúpula ha propuesto a Tatxo Benet para asumir la presidencia de la entidad. El relevo se formalizará el próximo jueves, coincidiendo con la renovación estatutaria de un tercio de su patronato.
Tatxo Benet es una figura de sobra conocida en el ámbito mediático y empresarial catalán. Socio fundador de Mediapro, su perfil combina el éxito en los negocios con un marcado compromiso con las tesis soberanistas. Su llegada a la institución pretende dar un nuevo impulso a este brazo empresarial del independentismo.
El actual presidente, Oriol Guixà, ha sido el encargado de pilotar el ofrecimiento a Benet. Aunque desde la entidad se apela al cumplimiento de los tiempos reglamentarios, la decisión parece ya tomada. La junta directiva busca un liderazgo con mayor proyección pública para afrontar los desafíos políticos actuales.
FemCAT nació en 2004 con un objetivo ambicioso: convertir a Cataluña en uno de los «países más avanzados del mundo». Sin embargo, su trayectoria ha estado siempre marcada por una estrecha vinculación con el proyecto separatista. Esta politización del tejido productivo ha generado recelos históricos en los sectores más moderados del empresariado.
La fundación presume de agrupar a más de 500 empresas que suponen el 10% del PIB catalán. Pese a estas cifras, su influencia se centra principalmente en el ecosistema nacionalista. El papel del lobi ha sido fundamental para dotar de una pátina de solvencia económica a las demandas de ruptura con el Estado.
El cargo de presidente en esta organización tiene una duración limitada de solo dos años. Además, se trata de una responsabilidad que no conlleva remuneración económica alguna. El incentivo para figuras como Benet es, por tanto, puramente estratégico y de influencia política en el territorio.
La elección de Benet no es casual en el contexto de la legislatura actual en España. Con un Gobierno central dependiente de los votos independentistas, los grupos de presión catalanes ganan peso. La experiencia de Benet en la gestión de intereses complejos será una baza clave para interlocutar con las instituciones.
La izquierda española, liderada por el PSOE, observa con atención estos movimientos en la élite empresarial catalana. Las concesiones constantes a los sectores soberanistas han envalentonado a entidades que, como FemCAT, nunca han ocultado su hoja de ruta. La normalización de estos perfiles en la esfera pública es una consecuencia directa del actual pactismo.
Resta por ver si la presidencia de Benet apostará por la gestión técnica o por la agitación ideológica. En el pasado, FemCAT ha sido criticada por priorizar la identidad política sobre la competitividad real de las empresas catalanas. La llegada del magnate de la comunicación podría acentuar esta tendencia a la politización económica.
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