El viaje apostólico del papa León XIV a Cataluña se ha visto envuelto en una agria polémica política antes incluso de que el pontífice aterrice. La presión de los sectores más radicales del separatismo ha convertido un acontecimiento puramente espiritual e institucional en un nuevo campo de batalla identitario. El motivo de la disputa, como suele ser habitual en la política catalana, vuelve a ser el uso y el protagonismo de la lengua.
A pesar de que las autoridades eclesiásticas han confirmado que el catalán estará presente en las homilías, los sectores más intransigentes lo consideran insuficiente. El catalán se empleará en la esperada misa de la Sagrada Família y durante la bendición de la torre de Jesús. Sin embargo, entidades como la ANC, Òmnium Cultural y el Consell de la República ya han organizado movilizaciones de protesta a las puertas de la basílica gaudiniana.
El encargado de encender definitivamente la mecha ha sido el expresident de la Generalitat y líder de Junts, Carles Puigdemont. Desde su habitual tono beligerante, el dirigente separatista ha animado a los ciudadanos a recibir al jefe de la Iglesia católica con silbidos y abucheos. Puigdemont no ha dudado en arremeter duramente contra el arzobispo de Barcelona, el cardenal Juan José Omella, a quien acusa de una deriva retrógrada.
Diuen que Catalunya ha de callar.
Nosaltres diem que és hora que se’ns vegi.
El 9 de juny, quan soni l’Escolania de Montserrat, fem que les grades també parlin.
Una estelada sola és una bandera.
Milers d’estelades són un missatge al món.Porta-la. Alça-la. Fes-la visible.… pic.twitter.com/GMbzvqPoOD
— SantaEsteladaCat (@santaestelada) June 8, 2026
En su estrategia de confrontación constante, el líder de Junts ha llegado a vincular a la jerarquía eclesiástica actual con el franquismo. Unas declaraciones extremas que buscan, una vez más, capitalizar el descontento de las bases independentistas más movilizadas. Con estas palabras, el expresident intenta marcar la agenda y torpedear la aparente normalidad institucional que defiende el actual Ejecutivo catalán.
La respuesta de la Generalitat, en manos del socialista Salvador Illa, no se ha hecho esperar ante el temor de una imagen internacional desastrosa. Ha sido el conseller de la Presidència, Albert Dalmau, quien ha salido al paso de las críticas de Junts durante una entrevista televisiva. El portavoz gubernamental ha lamentado la actitud de la oposición identitaria y ha asegurado que esa agresividad no beneficia en absoluto a la lengua.
Desde las filas del Ejecutivo autonómico se intenta poner el foco en el esfuerzo que realizará el Sumo Pontífice durante su estancia. Dalmau ha recordado que León XIV, de origen norteamericano y con una larga trayectoria en Perú, no tiene conocimientos previos de catalán. Por este motivo, el Govern considera un éxito diplomático que el Papa decida leer y pronunciar fragmentos de sus discursos en este idioma.
Que es vegin les estelades i que s’escoltin les veus i els xiulets de protesta contra renaixement del catolicisme franquista, opressor de minories i còmplice de crims contra la humanitat. El català és la llengua pròpia de Catalunya, sense la qual no s’explica ni Gaudí ni la… https://t.co/kj4NOWy1Tu pic.twitter.com/SJHkjdvkE0
— krls.eth / Carles Puigdemont (@KRLS) June 3, 2026
El conseller socialista ha criticado abiertamente lo que denomina la «doble vara de medir» de los colectivos independentistas catalanes. Según el portavoz, el separatismo exige un bilingüismo imposible a mandatarios internacionales mientras exime de esos esfuerzos a otros colectivos sociales. Para el Ejecutivo del PSC, la visita papal representa una oportunidad única de proyección que no debería verse empañada por el ruido sectario.
En las próximas horas se comprobará si el sentido común se impone a las consignas radicales en los alrededores de la Sagrada Família. El éxito de la visita de León XIV dependerá de la capacidad de las fuerzas de seguridad para contener una protesta que busca el impacto mediático global. Catalunya afronta una semana clave donde se juega su prestigio exterior frente al espejo de la intransigencia política. Por suerte, entidades hispanistas irán a la Sagrada Familia con los símbolos de todos los catalanes – senyera y rojigualda – para mostrar su cariño a León XIV.

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