¿Es bueno o malo entonar cánticos contra el equipo cuyo campo está en la antigua Avenida de la División Azul cuando el rival es el Rayo o el Levante? La Grada Canito, como siempre ha hecho la juventud perica desde tiempos inmemoriales, en cada partido se acuerda de nuestros queridos vecinos con un arsenal de himnos y de proclamas.
Los culés nunca nos dejan que les olvidemos, y ahí están los continuos robos en los derbis a lo largo de nuestros 125 años de historia, que al día siguiente venían con regalo incluido: el recochineo del aparato de propaganda azulgrana. No sólo nos atracaban, sino que incluso se cachondeaban de nosotros. Recuerdo una crónica en Mundo Deportivo de Joan Poquí tras el desmayo de Xavi Hernández ante Baena en el Camp Nou que era para enmarcarla. Ese partido lo perdimos 1-0 gracias a un penalti inventado.
¿Qué recomiendo? Si no les gusta lo cánticos contra el Barça no lo canten, pero no critiquen a los más jóvenes, que son el principal motor de la afición. Sólo faltaría que nos dividiéramos por un club experto en comprar árbitros, y ahí está el caso Negreira, que sigue impune para el club que prefiere homenajear a la estelada que a ocho campeones del mundo que son jugadores suyos.
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