Si estoy convencido que Cataluña será siempre España es por lo tranquilizador que resulta ver a quiénes ha escogido el puente de mando ‘indepe’ para las labores de agitación y propaganda.
Un buen ejemplo es Toni Albà, porque tiene delito escoger a alguien tan malcarado y con tanta mala uva para que sea uno de los humoristas más destacados de la televisión pública catalana. No es un cómico que genere buen rollo, y que por lo tanto sea eficaz a la hora de difundir la propaganda secesionista.
Más bien al contrario, Albà resulta a veces tan desagradable en sus comentarios en redes sociales que más que sumar, resta. Por mí lo pueden seguir paseando por toda Cataluña y los ayuntamientos en manos secesionistas pueden contratarlo cada fin de semana. Cada vez que abre la boca resta apoyos a la causa que dice defender.
También me refiero a Toni Soler, que seguro que piensa que con artefactos en TV3 como ‘Polònia’ o ‘Està passant’ suma nuevos fieles a las filas independentistas. Lo único que suma es más millones de euros de dinero público a su cuenta corriente, y la de sus socios, porque solo convence a los ya convencidos.
La fórmula de Soler de ‘entretener’ mediante un humor sectario hace reír a los irreductibles de la ‘estelada’ y poco más. Ya no es eficaz para ‘ensanchar’ la base social, porque se les ve demasiado el plumero. Mucha audiencia, pero monocolor. En eso se ha quedado el ‘humor’ en la televisión pública de la Generalitat.
La sátira política de este millonario a costa del dinero público es clara: cachetes y pescozones a los ‘suyos’ y ‘humorísticos’ golpes de maza o de bate de béisbol a los constitucionalistas. Siempre ha sido así en la factoría de Soler desde que comenzó el ‘procés’. De vez en cuando suben un poco el tono hacia algún líder nacionalista que convenga machacar, y así se las dan de “plurales” y de no “dar” siempre a los mismos (Cs, PP y PSC).
Podríamos hablar de otros propagandistas tan pasados de rosca que ya no sirven para sumar apoyos al secesionismo, como Empar Moliner, Jair Domínguez, Mónica Terribas o el ex ‘progre’ metido a ‘anchorman’ procesista Xavier Graset. Entre otros muchos.
Pero la personalidad ‘indepe’ que más me tranquiliza es Pilar Rahola. Si la ex tránsfuga de la política es la periodista de referencia para un amplio sector del secesionismo, es que el movimiento nacional procesista no tiene ninguna opción de conseguir que Cataluña se separe del resto de España.
A Rahola le gusta dar lecciones a los políticos, pero recordemos que su paso por la vida pública no fue precisamente ejemplar. Cuando era la única diputada de Esquerra en el Congreso se convirtió en una tránsfuga, abandonando el partido pero sin soltar el escaño. Lo mismo hizo en el Ayuntamiento de Barcelona, institución de la que formaba parte de su gobierno municipal.
Recordemos también el famoso episodio en el que Rahola le espetó a un guardia urbano el «usted no sabe con quién está hablando» tras una infracción de aparcamiento. Por no mencionar su paso por algunas de los programas más vocingleros de la televisión nacional (entendiendo ‘nación’ por ‘España’).
Rahola es muy popular. Tras décadas de exposición en la pequeña pantalla no podría ser de otra forma. Pero es una popularidad de las que no aportan nada a un proyecto político, dado que su personalidad poco positiva, y más bien tendente al insulto y a la negatividad, no sirve para sumar a nuevos ciudadanos a una causa. Más bien al contrario.
Por eso cada vez que veo a Rahola en TV3 me alegro. Ojalá siga así muchos años. Pero en Esquerra Republicana tienen claro que no aporta nada a la causa secesionista y, tal y como citó Salvador Sostres en un artículo hace unos días, ha comenzado la política de recortes de la presencia pública de su ex diputada tránsfuga. Lástima. Por mí, le podrían dar un programa diario de tres horas. No hay mejor herramienta para que crezca el constitucionalismo en Cataluña.
[campana]
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