¿Recuerdan el chiste del baturro que va por los rieles del del tren con su borrico, y al escuchar en el silbido de un tren que le instaba a abandonar la vía, decía en voz alta “chufla, chufla, ¡qué cómo no te apartes tú!”. Es la alegoría perfecta de la forma de ser perica. Somos cabezones, orgullosos y nos cuesta dar nuestro brazo a torcer si pensamos que llevamos la razón.
El “lo que hoy es blanco, mañana puede ser negro” que definió el mandato de Daniel Sánchez Llibre es la antítesis de nuestro carácter. Fue la excepción que confirma la regla, porque a nosotros siempre nos ha ido más el no bajarnos del burro, el ir hasta el final, el llevar nuestras filias y fobias hasta el extremo…
Muchos pericos somos ‘cabezones’. Sin esta tozudez ya habríamos desaparecido. Nuestra voluntad de lucha y resistencia nos ha hecho sobrevivir. Pero hemos desarrollado tanto esta cualidad, que a veces adolecemos de cierta estrechez de miras. Está bien ser ‘cabezón’ hasta cierto punto. Es positivo en cuanto que no renunciamos a nuestros colores y hacemos gala de ellos en circunstancias difíciles.
Porque tiene mucho mérito levantarte en una clase y decir “no canto el himno del Barça” o “no quiero ir al Museu culé” ante treinta compañeros y un profesor. Es una presión muy difícil de soportar, que se rían de ti porque su club de millonarios gana títulos y tiene a jugadores de fama mundial y tú has de llevar una camiseta con el nombre de Dani Jarque porque somos incapaces de generar nuevos ídolos dado que vendemos a cualquier futbolista que despunte antes que cuaje entre la afición. Nos costará mucho en el futuro poder mantener a un Tamudo diez años, a alguien que pueda ser el nuevo banderín de enganche.
De ahí que ser ‘cabezón’ haya sido importante. Pero de la misma manera que lo ha sido para sobrevivir, es una rémora para poder crecer. Porque a veces nos cuesta abrirnos, aceptar nuevas iniciativas, nuevas ideas…
Tenemos que pensar en positivo. Todo lo que pueda servir para que en un futuro crezcamos, lo hemos de considerar. Sin pensar en pequeño, en si hemos pagado un carnet o si nos han de mover de sitio. O si hemos fichado a un director de área en el club que no es perico. Si hace bien su trabajo y ayuda a que el club sea más grande, nos sirve.
O si un alcalde de una ciudad es culé. Si no discrimina a la peña perica de la localidad y no pone palos en las ruedas para que propaguen nuestros colores por la villa, no hemos de presuponer que por ser barcelonista nos va a hacer la puñeta. Hemos de darle la oportunidad de que nos ayude o nos perjudique. Si se comporta de manera sectaria, entonces ya le diremos de todo y denunciaremos su actitud.
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