Que el repertorio musical de Quim Torra y sus muchachos es limitado y escaso lo sabe hasta el Tato. Su cancionero no va más allá del ‘Rock de la cárcel’ o del ‘Tractor amarillo’. Repite y reitera los mismos estribillos hasta conseguir aburrir, con tanta redundancia, al mismísimo carrillón de la plaza San Jaime. Y ya saben ustedes que cualquier cantautor que se precie, al igual que un político con ideas, debe disponer para triunfar de un buen número de partituras.
Cuenta La Vanguardia que el vicario de Puigdemont prepara, junto a su gobierno, un otoño caliente. El periódico de los Godó cuenta también que el mensajero del ‘huido’ augura múltiples calamidades si los jueces deciden hacer justicia, que otra Revolución de Octubre está en ciernes.
Mal vamos con la letra y la música de estas cancioncillas de verano que nos tararea el secesionismo más radical. No crean que exagero, algunos CDR ya están convocando a sus huestes para protestar contra la presencia de Felipe VI y Pedro Sánchez con motivo del primer aniversario de los atentados de la Rambla y Cambrils.
Sí amigos, la convocatoria del boicot se ha llevado a cabo ante la mirada displicente, tanto de la alcaldesa Ada Colau, como de Quim Torra. Ambos han renunciado a poner en práctica no sólo la buena educación, sino también las más elementales reglas que exige el protocolo respecto a la visita de los jefes de Estado.
Pues bien, nuestros mandatarios “pasotas” deberían saber que, les plazca o no, en nuestro país el jefe de Estado y el presidente del Gobierno no precisan ser invitados por nadie. Pueden ir donde les plazca, deseen y quieran, sin que la más mínima muestra de desconsideración, orquestada por cuatro personajillos, enturbien su cometido institucional.
A este país le conviene menos cancioncillas de verano y quizás un poco más de marcha. ¿De Granaderos?
Joan Ferran

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