Entrevista a Lluís Rabell: “Estamos ante una inquietante fractura emocional de nuestra sociedad que sumerge todo debate racional”

Lluís Rabell fue presidente del Grupo Parlamentario de Catalunya Sí que es Pot hasta el pasado 27 de octubre, cuando el Gobierno de España disolvió el Parlament para convocar elecciones autonómicas el 21 de diciembre.

¿Cómo valora el llamado Referéndum del 1 de Octubre? ¿Y la actuación policial?

Desde un principio, la convocatoria del 1 de Octubre carecía de las características exigibles a un referéndum susceptible de ser reconocido como tal por la comunidad internacional. Pero es que, además, la acción del gobierno español obstaculizando sus preparativos y, finalmente, la violenta intervención policial en los colegios electorales, hacen del todo imposible considerar esa consulta como una expresión fehaciente de las aspiraciones de la ciudadanía de Catalunya. Eso no resta importancia, sin embargo, a la jornada: una parte muy significativa de esa ciudadanía se movilizó, deseosa de votar; miles de personas hicieron gala de una ejemplar resistencia cívica ante las cargas policiales; muchas otras, reticentes en principio a la convocatoria, acudieron a los colegios, indignadas por esos hechos… En resumen: el 1-O no puede leerse como un referéndum homologado, del cual se desprendería un mandato democrático. Pero sí es necesario considerar esa jornada como una gran movilización ciudadana y como la enésima expresión de un malestar y unas demandas que no están siendo atendidas desde el gobierno del PP.

¿Cómo valora la manifestación que se realizó el pasado domingo en Barcelona? ¿Por qué usted no participó?

Esa manifestación – contraria a la independencia  – refleja la inquietud de otra parte, no menos numerosa, de la sociedad catalana que no querría que la actual crisis política desembocase en una ruptura con España. Hay importantes sectores sociales, especialmente significativos entre las clases trabajadoras y populares, que mantienen fuertes vínculos, familiares, emocionales, culturales y de todo tipo con España; sectores que, de un modo u otro, quisieran conjugar las identidades catalana y española, que no viven como contradictorias. La oposición a la independencia que se expresaba en esa manifestación, al igual que en la anterior del 8-O, recogía muy distintas sensibilidades políticas. Ha sido un error grave del independentismo imprimir un sesgo excluyente a su discurso, identificándose de algún modo a sí mismo como “el pueblo”.

Eso ha propiciado que “la otra Catalunya”, hasta ahora pasiva o expectante, acabase por salir también a la calle. Y que lo hiciese difuminando de algún modo ideologías y proyectos políticos muy distintos tras una misma bandera, la española, que la mayoría de esa gente nunca había sentido hasta ahora la necesidad de exhibir en sus balcones. Estamos ante una inquietante fractura emocional de nuestra sociedad que sumerge todo debate racional.

Si no acudí a esa manifestación, desde el respeto más absoluto hacia ella, fue ante todo por esta razón: es el momento de buscar soluciones políticas y dialogadas, no de instigar sentimientos – por legítimos que sean. Con la perspectiva de estos días, tras la encarcelación del vicepresidente Junqueras y de los consellers del Govern que acudieron a declarar a la Audiencia Nacional, el grito de “Puigdemont a prisión”, proferido por algunos sectores de aquella marcha, resuena como un trágico presagio de la exacerbación del conflicto hacia la que nos empujan los acontecimientos.

Paco Frutos se describió como un “botifler”. ¿Usted cómo se describe?

Entiendo que Paco Frutos se describía así de modo polémico, forzando la ironía. Personalmente, no me gusta hacer de un insulto una bandera: genera confusión y puede incluso legitimar la degradación del debate político. Me considero como una persona de izquierdas, de convicciones socialistas, ecologistas y feministas… Y soy partidario de una solución federal a la crisis territorial de España. Es decir, una solución que combine el reconocimiento de Catalunya como comunidad nacional – y el consiguiente respeto hacia su lengua, su cultura y su auto-gobierno – con un proyecto democrático y social compartido con el resto de España.

En la época de la globalización, aparte de solidario, ese encaje me parece una perspectiva más provechosa para la sociedad catalana que la hipótesis – cuya legitimidad no discuto – de un pequeño Estado independiente: una República que quizás sería formalmente soberana; pero que se vería sin duda sometida a los dictados redoblados de los mercados financieros, escindida de marcos más amplios de protección social, con menor capacidad para enfrentar los retos medioambientales o la lucha contra el fraude y la evasión fiscal, entre otros muchos problemas. La fuga masiva de sedes empresariales de estas últimas semanas da la medida de lo incierto de esa perspectiva.

Josep Borrell tildó a Junqueras de traidor. Usted, ¿cómo lo calificaría?

 Vaya por delante mi rechazo al encarcelamiento del señor Junqueras, de los otros consellers, así como de los presidentes de Òmnium Cultural y de la ANC, en prisión preventiva desde hace semanas. La querella de la Fiscalía por sedición y rebelión constituye un despropósito jurídico al no haberse producido ningún episodio de violencia, sino todo lo contrario: constantes llamamientos y actuaciones de los encausados en favor de expresiones pacíficas de la ciudadanía. Mucho me temo que ello responda a la intención, por parte de algunos sectores de la derecha española y del propio aparato de Estado, de crispar el conflicto y generar escenarios propicios a una actuación represiva más amplia. ¡Vana pretensión, si tal fuera el caso, la de ahogar las aspiraciones y sentimientos de la mitad de la población catalana mediante medidas autoritarias… medidas que suscitarían a buen seguro el rechazo de sectores sociales no independentistas, llevando la confrontación a un nivel superior!

Por lo que respecta a los calificativos… No creo hallarme en posesión de ninguna verdad absoluta que me autorice a juzgar a nadie desde una posición de superioridad moral, ni a etiquetarlo como “traidor”.  Siempre me he rebelado contra esos anatemas que impiden el debate político, hoy más necesario que nunca. El señor Junqueras es el líder de una formación política cuyo ideario no comparto. Y ha sido vicepresidente económico de un gobierno del que mi grupo parlamentario, Catalunya Sí que Es Pot, ha sido una firme oposición de izquierdas durante dos años. Ni mis discrepancias políticas me impiden defender que Oriol Junqueras sea excarcelado… ni tal exigencia – a mi entender, elemental, ante la injusticia que supone el auto de prisión – disipa aquellos desacuerdos políticos. La democracia consiste en defender el derecho a expresarse de quien piensa de modo distinto… y en confrontar ideas y argumentos desde el respeto.

Desde el sábado pasado el Gobierno español ha aplicado el articulo 155. ¿Cómo valora su aplicación y sus posibles efectos? ¿Qué hubiera votado si fuera senador?

Evidentemente, hubiese votado lo que votaron las compañeras y compañeros de mi espacio político: no. El despliegue del artículo 155 planteado por el gobierno de Rajoy supone una lectura abusiva del precepto constitucional – que en ningún momento habla del cese de un gobierno. La panoplia de medidas diseñadas por el Consejo de Ministros supone una suspensión de facto de la autonomía. En tales condiciones, cabía esperar una fase, totalmente impredecible, de conflictividad administrativa, social y política ante una intervención prolongada de las instituciones catalanas. Rajoy ha parecido querer evitar ese escenario con la rápida convocatoria de elecciones. Sin embargo, la decisión de la Audiencia Nacional de mandar medio Govern a prisión – al tiempo que lanzaba orden de busca internacional contra Puigdemont – nos devuelve a una situación de máxima tensión. Los comicios del 21-D tendrán lugar en medio de un tremendo clímax emocional, quizás con listas encabezadas por líderes políticos o activistas sociales encarcelados.

El Gobierno ha convocado elecciones en Cataluña el próximo 21 de diciembre. ¿Usted se presentará? ¿Catalunya si que es Pot debe reeditarse con el mismo nombre? ¿Por qué candidato apuesta usted?

Conviene ser prudente en un momento tan convulso como este. Pero, salvo circunstancias que soy incapaz de imaginar, no tengo previsto concurrir a estas elecciones. Mi compromiso se refería a una etapa de la configuración de nuestro espacio político que concluye – de modo abrupto, es cierto – con la legislatura. Llega el momento de “refrescar” la representación de este espacio. Desde luego, CSQP – que correspondía a una determinada fase de agregación de las distintas fuerzas que ha ido consolidándose durante estos últimos dos años – no se reeditará. La nueva candidatura llevará sin duda el nombre de Catalunya en Comú… y espero que lo haga con el añadido de Podem, certificando así una alianza política muy deseable. Tampoco me corresponde adelantar liderazgos, pero diría que, hoy por hoy, Xavi Domènech es quien aparece como la figura más destacada de consenso entre los distintos componentes de la confluencia.

Pablo Iglesias, apuesta por un pacto en Cataluña con ERC y el PSC, ¿cómo lo ve?

Lo deseable sería, de cara a la próxima legislatura, poder configurar una mayoría parlamentaria progresista y un Govern con un programa de medidas sociales destinadas a revertir los estragos de las políticas neoliberales y con una propuesta viable de salida negociada al conflicto territorial – que, a nuestro entender, requería llegar a celebrar un referéndum en condiciones, pactado con el Estado y con plenas garantías democráticas. Hoy resulta todavía prematuro avanzar fórmulas gubernamentales o combinaciones parlamentarias. Habrá que esperar a la configuración del nuevo Parlament. No obstante, lo que resulta ya indiscutible es que la exigencia de una amnistía para los consellers y activistas presos, así como la plena recuperación de la autonomía – derogando los decretos de aplicación del artículo 155 de la Constitución -, deberían formar parte de cualquier acuerdo de progreso. De hecho, esas demandas ocuparán sin duda un lugar preeminente en la campaña electoral.

¿Colau debe romper el pacto en el consistorio con el PSC?

He aquí una cuestión tan importante como delicada. Compete exclusivamente al Ayuntamiento valorar ese extremo. Digamos, no obstante, que sería muy lamentable que llegase a producirse la ruptura de un pacto que ha funcionado muy bien hasta aquí. Y que, más allá de lo positivo que ha sido para el gobierno de la ciudad, reviste un carácter emblemático por cuanto al entendimiento de distintas fuerzas de izquierdas se refiere. Es evidente que la tensión de la crisis nacional llega al consistorio de Barcelona. Pero no hay que perder de vista que las fuerzas más interesadas en una polarización del debate político, en la configuración de “frentes”, son también las que presionan para que se rompa el pacto de gobierno municipal. Mucho cuidado, pues. No vayamos a dinamitar puentes que mañana pueden revelarse muy valiosos.

¿Qué opina de la querella contra la Presidenta del Parlament y otros miembros de la mesa, como Joan Josep Nuet?

Se trata a todas luces, como decía al principio, de un despropósito. En lugar de abrir vías de diálogo y negociación, en vez de abordar en términos políticos un problema de naturaleza eminentemente política – y el hecho de que casi la mitad de la población de Catalunya diga que quiere marcharse de España, manifiestamente, lo es -, Rajoy ha trasladado el problema a jueces y policías. En ese terreno, el conflicto, lejos de solventarse, se enquista y se agrava, desembocando finalmente en derivadas penales. Y facilitando las cosas a los sectores de la derecha española que querrían responder a la demandas planteadas desde Catalunya con una involución centralizadora. Como en el caso del Govern, la pretensión de imputar a la Mesa delitos de sedición y de rebelión constituye una auténtica barbaridad.

Por cuanto se refiere a Joan Josep Nuet, la querella de la Fiscalía incurre incluso en graves inexactitudes, al atribuir a nuestro compañero un voto a favor de la declaración de independencia… cuando es notorio que votó en contra de la misma y que se opuso a la tramitación de la propuesta de resolución. ¡Ojalá el Tribunal Supremo desoiga las peticiones de la Fiscalía! Y ojalá fuese capaz de retirar de manos de la Audiencia Nacional un sumario que está siendo gestionado de manera tan lesiva para los encausados como perjudicial para la resolución del conflicto.

¿Qué opina de la querella al ex President Carles Puigdemont y los consellers?

Certifica, como decía, el fracaso del diálogo y de la acción política. Llama sobre todo la atención la voluntad, manifiesta por parte del Fiscal Maza, de atribuir propósitos de sublevación violenta a una acción del Govern que puede ser criticable e incluso reprobable en muchos aspectos, pero que nunca se ha apartado de los cauces pacíficos. La Fiscalía General está en manos de un incendiario.

¿Cómo valora la marcha de Carles Puigdemont y varios consellers, a Bélgica?

Resulta difícil discernir si hay ahí estrategia… o, simplemente, improvisación. Lo veremos en los próximos días. En cualquier caso, el desconcierto entre la opinión pública ha sido mayúsculo. Y sin duda ha perjudicado los intereses de los consellers que acudieron a la Audiencia Nacional, acreditando el riesgo de fuga. La salida de la crisis no vendrá de astucias y maniobras, sino de la construcción de amplios consensos políticos y sociales a favor del diálogo. Un “procés” lleno de argucias que pretendían burlar al Estado nos ha llevado, ante la cerrazón obstinada de Rajoy, al punto crítico en que estamos hoy. Urge abrir una nueva etapa política.

 

 

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