El prófugo devorador de mejillones con salsa de ratafía Carles Puigdemont debe estar agotando las existencias de palomitas mientras disfruta del espectáculo: ver cómo Marta Rovira y su cohorte de pelotas apuñalan a Oriol Junqueras, con el que ha tenido una confrontación a vida o muerte durante una década, ha de ser placentero.
Seguro que el héroe de la República Catalana de los ocho segundos piensa que hizo bien en fugarse a Bélgica mientras Junqueras iba a la cárcel a comer langostinos y mi tocayo Joan Bona Nit le daba la brasa todas las noches con el megáfono.
A fin de cuentas a él le van a entronizar, sin oposición ninguna, como presidente de Junts en un congreso a la búlgara, mientras que a Junqueras le están desollando los ‘suyos’ en un proceso precongresual a navajazo limpio. Puigdemont debe ser, sin duda alguna, muy feliz en estos momentos.
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