Estoy casi tan contento y feliz como el peluquero de Carles Puigdemont allí por Waterloo. Por una vez y tras seis años y medio ha sido capaz de pasar por “vicaría” y permitir que le eliminen el “pelucón” que reposaba en su cabeza hace escasos días. De tal importancia era la liturgia del jueves 21 por la tarde en un pueblo francés cercano a nuestra frontera, de cuyo nombre no quiero ni acordarme, que el Santo Padre del Independentismo a Distancia ha remozado su imagen y se ha presentado ante sus fieles (evidentemente no ha faltado ninguno de los que cobra por serlo) con cara de ángel y pinta de monaguillo con talla equivocada de traje.
Como en las grandes ocasiones, su señora estaba junto a él (como “la Bego” estaba junto a su marido antes de convertirse en “influencer” empresaria de favores) y todo el mundo aplaudía como se debe aplaudir a un mesías auto-exiliado: con ganas de que vuelva para ganar más votos y tener más oportunidades de enchufar “als estimats lluitadors” por la causa indepe. Porque, no nos olvidemos, aquí lo de menos es el mensaje (que ese se lo tragan los adictos a la mentira a kilos) si no a cuántos colocan y la pasta que van a trincar en sueldos y en equis por ciento…
Al final toda esa pompa, ruido y fanfarria fue, únicamente, para decirnos lo que todo el mundo sabía/intuía e, incluso, esperaba: «propongo mi candidatura a la restitución a la presidencia de la Generalitat». Ojo al dato… que habla de “restitución” no de tener opciones de ser presidente y, ya si eso, esperar que le voten los máximos fieles a la causa posible. Aquí vuelvo a sacar mi diccionario particular del idioma puigdemoniaco y traduzco: “gane o no gane voy a ser presidente porque voy a extorsionar al Psoe con mis 7 diputados en Madrid a cambio de mi entronación como president “restituido” de Catalunya y voy a obligar a Illa a realizarme una genuflexión de rendición que la de los flamencos con el general Spínola en Breda va a ser una broma”. Le importa al ex un pimiento si es el primero o el tercero en los comicios del 12 de mayo. Y, si no, al tiempo me remito.
Y tras indicar “el camino” a sus rivales independentistas para avisarles que lo tienen muy mal para ser presis de la cosa catalana, les ha tendido la mano y les propone “una lista unitaria” al resto de formaciones independentistas con el fin de ir juntitos, ser más fuertes ante Madrid y bla, bla, bla… Y para confirmar que va en serio y que estará en Cataluña cuando se produzca el debate de investidura (pues confía que será de aplicación por entonces la Ley de Amnistía) dice que ha decidido renunciar a su millonario “colchón” y no volverá a presentarte a las Elecciones Europeas de junio en todo un alarde de valentía jamás conocido en su persona con anterioridad.
Lo que sí que tengo claro, pues el miércoles tuve la oportunidad de compartir mesa y micrófono al entrevistar a la alcaldesa de Ripoll y futura cabeza electoral de su partido Aliança Catalana, es que esa mano tendida puigdemoniaca no la van a aceptar Silvia Orriols ni sus compañeros de formación. Al contrario, Silvia Orriols anda limándose las uñas y pintándoselas, tanto de manos como de pies, haciendo tiempo para debatir con el huido y con muchas ganas de echarle todas y cada una de las cosas que prometió Puigdemont a la cara y que se perdieron en un maletero camino de Waterloo.
Sin embargo, y a pesar de ser consciente de la escasa (por no decir nula) repercusión que le conceden en los medios de comunicación oficiales de Cataluña, Orriols piensa que tiene una gran oportunidad de hacer extensivo su “evangelio”, que dicen es aún más de derechas que el de Junts (al que consideran una especie de “mingafrías” asustado) y que junto a ERC son los grandes causantes que Cataluña no sea independiente, del “maltrato” que les dispensa Madrid y del poco dinero que se invierte aquí, de una nefasta gestión “buenista” de la inmigración o de las multas que le ponen desde las consellerías esquerranas a la propia Orriols, por ejemplo, por hablar en términos que no agradan al régimen de izquierdas sobre inmigración.
Además, Silvia Orriols indica en la misma entrevista que se siente “traicionada por Puigdemont y que lo más sensato sería que se apartara y dejara paso a quien sí pretenda encabezar y ejecutar la independencia de Cataluña”, a pesar de que manifiesta que fue “una ferviente seguidora de Puigdemont hasta que se sintió traicionada”. Blanco y en botella, no quiere a Puigdemont ni lo necesita para nada.
Pero es que tampoco habla maravillas del Govern de ERC dirigido por Aragonés al que acusa de “penalizar el librepensamiento y convertirse en una dictadura”. Ciertamente no se ve a la alcaldesa de Ripoll muy feliz con ninguno de “los próximos” como para formar alianzas. Y menos cuando ellos son un partido primerizo, con un futuro prometedor, como para conseguir entre 3 y 5 diputados en el Parlamento catalán y restarle importantes votos a Puigdemont, principalmente, y a todo el nacionalismo en particular.
En definitiva, a Puigdemont le ha salido una piedra grande en el camino del “ho tornarem a fer” mientras ERC y PSC aplauden a rabiar para que Silvia Orriols y su alternativa hiper independentista crezca y le reste votos y fuerza a Junts. Y esa fuga de votos no la arregla ni una foto tras los barrotes en la cárcel de Can Brians del que ha pasado por el peluquero para cambiar de imagen, pero sigue siendo el mismo plasta de siempre. ¡¡Otra de palomitas, por favor!!
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