Bill Clinton le ganó unas elecciones en 1992 a George Bush padre, el vencedor de la primera guerra contra Irak, con una frase mágica: “¡Es la economía, estúpido!”, dejando claro que lo que interesaba a la gente era el estado de sus bolsillos y no los sones de los himnos gloriosos. Los pericos hemos de tomar nota. Si el Barça ha querido acabar con el RCD Espanyol en los últimos sesenta años no es porque nos odien especialmente, es una cuestión de mercado. Ésta es la razón de fondo, el resto es puro disfraz para enmascarar la realidad.
Si sólo están ellos, se quedan con todo el pastel, por eso poco a poco han ido acabando con todos los equipos que existían en su ámbito de influencia. No es normal que Cataluña tenga tan pocos clubes en la elite, y sólo se explica por el ánimo devorador de los azulgrana. Entidades históricas como el Lleida, Sabadell, Júpiter, Europa, Sant Andreu, Nàstic, Girona o Figueres malviven en las categorías inferiores del fútbol español. De vez en cuando tienen un fogonazo y aparecen de nuevo por Primera o Segunda, pero acaban cayendo de nuevo al pozo.
Y es que estos equipos no tienen masa crítica suficiente para sobrevivir, dado que el Barça se lo ha comido todo. Sólo tienen un puñado de aficionados fieles, el resto son seguidores o socios azulgrana, y en segunda opción dan apoyo al club de su ciudad o comarca. El mercado del fútbol catalán está prácticamente monopolizado por el Fútbol Club Barcelona. Hay peñas barcelonistas que tienen más socios que los clubes de sus ciudades, lo que deja claro que las posibilidades de estos equipos de crecer son menos que cero.
El Barça se ha revestido de catalanidad, universalidad y otros conceptos que quedan bien para esconder su verdadero objetivo, ser el único club de elite de Cataluña y detentar el monopolio. Como buena multinacional sabe que le conviene dominar su mercado local como base para seguir con su expansión internacional. Club hegemónico en Cataluña, segundo club de España y a seguir creciendo.
Solo el Espanyol ha resistido este tsunami, y ha conseguido mantenerse en la elite de la Liga, aunque en un lugar secundario con respecto a la que le correspondería por su historia y su potencial social y económico. A menudo hemos tenido un presupuesto entre los diez primeros de la competición, o un número de socios superior a otros clubes con mejor fortuna deportiva. El hecho es que no hemos ganado ni una Liga, ni hemos conseguido un subcampeonato, y sólo hemos sumado cuatro Copas del Rey a lo largo de 108 años de historia. Tenemos una de las peores ratio potencial-resultados del fútbol español. En las nueve décadas que llevamos de Liga y medio siglo de competiciones europeas hemos conseguido poca cosa.
El Villarreal mismo, una entidad con menos socios, un estadio más pequeño, menos historia y menos potencial de crecimiento ya ha conseguido jugar la máxima competición continental, ha ganado la Europa League y ha sido subcampeón de la Liga. Tres objetivos que nosotros aún no hemos conseguido a pesar de ser “campeones del señorío” y “de Catalunya glòria”. Deberíamos dejarnos de “glorias” teóricas y aplicarnos más en conseguir realidades. No podemos ser como el hidalgo que vive de un pasado que teóricamente fue esplendoroso por que somos “históricos” y tenemos mucha “tradición”. Sobre todo si al rascar descubrimos que nuestro pasado no fue tan glorioso.
Podemos estar muy orgullosos de ser pericos, pero los resultados son los que son. Y de ser el séptimo equipo en la clasificación histórica de la Liga no se sobrevive ni se crece. Hemos de ser conscientes de este hecho y reivindicarlo. Pero para crecer se ha de tener las cosas claras y poner los medios para alcanzar nuestros objetivos. Y a menudo olvidamos que las energías de que disponemos se han de usar para fortalecernos, y no las podemos desperdiciar en disputas internas o externas. Ahora el RCDE tiene estabilidad financiera y no tenemos urgencias para vender. Hemos conseguido, sin mayores problemas, una meta imposible para otros equipos de nuestro potencial como el Zaragoza: subir la temporada posterior al descenso. Toca no tener prisa, planificar y construir poco a poco un equipo más potente.
(Foto: www.rcdespanyol.com)
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