Supongo que los votantes engañados, que dieron apoyo al sinvergüenza de Sánchez para que arbitrase la solución antinatural que le ha permitido jugar con el futuro de España, habrán aprendido la lección. Añadido a la corrupción del poder sanchista, con los casos que involucran a esposa, hermano, íntimos y por encima del centenar de cargos del PSOE que se ven en segundo plano por el periodo estival, hemos de sumar el impacto que supone la invasión de Ceuta.
Una ciudad que hoy es un auténtico estercolero, dando una imagen muy distante de lo que todo sensato entiende como normalidad, viendo sus playas convertidas en asentamientos chabolistas y soportando el uso de lugares dedicados a la escuela o el ocio de los ceutíes para dar cabida a los invasores. Una situación que ha supuesto la desesperación de unos ciudadanos que deben soportar las fugaces visitas de ministros para no dar respuestas y avivar las llamas, mientras el gran vividor sigue, increíble y vergonzosamente, de vacaciones en Lanzarote.
El abandono de Ceuta, a pesar de estar en riesgo nuestra soberanía por el expansionismo marroquí, debe avergonzarnos y requiere de una respuesta contundente. Una contestación que debe empezar con la devolución, sin contemplaciones ni excusas, de todos. El retorno integral, sin miramientos, es una necesidad, cumpliendo con la exigencia puesta encima de la mesa por la Europa a la que pertenecemos.
España y la UE deben tomarse muy en serio el problema fronterizo y asegurar que, en adelante, no se repita lo que pasó por tener la frontera de Ceuta desprotegida y abandonada. Debe militarizarse ésta, con los socios europeos colaborando en la protección del tapón sur de la Unión, asumiendo el coste que supone tener un vecino incumplidor y nada fiable como es Marruecos.
Los votantes deben recordar que una medida propuesta en campaña fue la supresión del Ministerio de Defensa (invito a ver el video con el maligno Sánchez apelando a ello). No quiero imaginar el impacto que supondría tras ver el trabajo impagable de la UME en los incendios y la labor disuasoria del Ejército protegiendo la frontera, sin olvidarnos de que los militares usando sus recursos, como sucede con sus carpas, para mejorar las condiciones y dar cobijo temporal a los que deberíamos expulsar.
El Gobierno debería cumplir con lo que piden sus hermanos del régimen marroquí, el verdadero incitador de la estampida, al pedir la devolución de los menores a sus respectivas familias, y, por supuesto, siendo leales con Europa.
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