Poesía parlamentarista

La pornografía sentimentalista, la estetización de las masas y el revolucionarismo mediático son tres de los ingredientes que violentan, simbólica y efectivamente, a una población que ya, por fin, está en manos de los “CD-R”, los “compact disc recordable” que, a imagen y semejanza del comunismo totalitario venezolano y cubano -del fascismo colectivista- se dedican a sonreír y saludar a los sacrosantos viajeros, endulzando así los trayectos automovilísticos de aquellos que creen en el derecho a “circular libremente” y, a su vez, en el derecho al “disfrute del tiempo libre”, derechos que, como bien sabemos, confluyen en Semana Santa, Verano o Navidad, momentos en que lo último que queremos es que “nos jodan la vida”.

De hecho, debieran ser remansos y oasis en los que los Españoles (de Cataluña) pudiéramos volver al “Paraíso Perdido” de Milton, o al “De optimo reipublicae statu, deque nova insula Vtopiae” de Moro, lugares en los que, aunque como efímero espejismo, pudiéramos volver a esa Tabarnia abierta, cosmopolita, lúdica, liberal y civilmente tolerante de los ochenta. Ya saben, el progreso es otro mito de una modernidad no del todo secularizada.

Al más bajo nivel político, ahora que “Podemos-en común-no-podem”, se ha puesto del lado de los “ultra-procesados”, allanando la victoria electoral Nacional a “Ce Ese”, al partido más votado en las autonómicas gracias al desplazamiento del eje (centro) izquierda-(centro) derecha al eje Nacional Español democrático vs nacionalismo catalanista totalitario, y ahora que el PSC-psoe sigue dando una de “cal y una de arena”, pues ya me dirán qué tiene de igualitaria la inmersión mono-lingüística en catalán o qué tiene de justo un gobierno de concentración equidistante entre nacionalistas totalitarios y demócratas constitucionales, sólo nos queda confiar en el “Llarena solitario” y en el Poder Judicial Independiente, poder que, -y sonroja recordarlo- en Democracia, es última -y primera- instancia desde la que deben pivotar tanto el ejecutivo como el legislativo, aunque sea para esquivar el abuso, la arbitrariedad y la impunidad por unos meses.

No estaría mal la construcción de un verdadero espacio judicial europeo, o encaminarse “ideal-realmente”, a un principio de justicia universal, para que los rebeldes, sediciosos, malversadores, corruptos y fugados no intenten trasladar a la (in)opinión pública(da) cierto relativismo epistemológico, moral o jurídico, como si la Justicia, la Violencia o la Traición fueran cosas distintas en función de la tradición o cultura de tal o cual estado miembro no desmembrado.

Tampoco estaría mal que el mediocre de turno, con su correspondiente “pez amarillento” en la solapa, -y que reparte carnés de humanidad o inhumanidad-, dejara de recitar poesía española de un republicano en el parlamento callejero del zoo catalán, pues esos poetas españoles lucharían -con igual denuedo y dignidad- contra este nacionalismo catalanista, que, no nos engañemos, no es más que otro “hijo de la ira” de aquel furibundo y fracasado nacionalismo franquista.

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