La construcción de la realidad simbólica

Con el título del artículo, me permito aquí parafrasear la obra del autor, -a buen seguro de cabecera- de encarcelados, fugados y demás cesados, parafrasear el libro de J. Searle, “la construcción de la realidad social”, título que, a la postre, era un dardo dirigido a la obra de Berger y Luckman, denominada “la construcción social de la realidad”, y que, siguiendo el mismo mecanismo, derivaría en otra posible formulación; “la construcción simbólica de la realidad”.

Vayamos al quid de la cuestión; en la política nacionalista catalanista de extrema derecha -e izquierda- y de catolicismo pujolista, en la lógica del delirio y la fantasía, el lenguaje se ha desgajado de lo fáctico, ergo, el límite entre lo mental y lo mundano se ha visto sobrepasado, en otras palabras, están como una cabra y las cabras, sólo hacen que tirar al monte o irse a Waterloo.

Lo relevante -y lo pertinente- es que si hablamos de construcción social/simbólica de la realidad estamos creyendo que  la realidad es siempre un constructo, es algo que depende universal y necesariamente de la complejidad y de la inventiva significativa propia de las relaciones inter-subjetivas, sin embargo, si hablamos de la construcción de la realidad social/simbólica, se distingue claramente entre lo que son los “hechos brutos” y lo que son “hechos institucionales”, esto es, se diferencia entre una “realidad fáctica”, que no depende de los “acuerdos, pactos, negociaciones” de los hombres, que no depende de la voluntad o la pretensión humana, y otra realidad, la  “realidad lingüística”, que está más allá de la primera, cual “segunda naturaleza”, pero que no puede dejar de orientarse en relación a lo fenoménico y lo manifiesto.

Queda claro el maridaje entre nacionalismo catalanista y constructivismo social (“construcción social-simbólica de la realidad”), esto es, entre totalitarismo y relativismo, donde, al negar toda posibilidad de verdad o todo principio de objetividad, ya sean verdades históricas, morales, culturales u objetividades económicas, sociológicas o geográficas, dejan el terreno abonado para la arbitrariedad, el camino allanado para la distorsión y la perversión.

Formulaciones sociales tales como “España nos roba”, “Per un país de tothom, l’escola en català”, “Estado franquista”, “Europa es un club decadente”, “Presos y exiliados políticos”, “130è presidente legítimo” …etc.…se convierten en los nuevos dogmas laicos y posmodernos, más radicales y fanáticos en tanto que sucedáneos de los artículos de fe religiosos.

Al mismo tiempo, abundando en la diferencia “onto-lógica” entre lo simbólico y lo efectivo, entre lo mental y lo fáctico, “we, the people”, nosotros, animales simbólicos, producimos políticas, leyes, conceptos e instituciones que emergen de una matriz “física” y que tienen consecuencias palpables y tangentes en el mundo, (“construcción de la realidad simbólica-social”). Expresiones simbólicas tales como “Tabarnia”, “1-0”, “Inmersión” o “155”… remiten a explicaciones racionales, a relatos de sentido, a interpretaciones lógicas acerca de tal o cual pretensión de comunidad autónoma española, de tal o cual violencia legítima por parte del Estado, de tal o cual sistema de exclusión lingüístico, o de tal o cual artículo democrático constitucional.

Así que la cuestión es si esas explicaciones racionales, relatos de sentido o interpretaciones lógicas, propiciadas por una construcción simbólica/social, se corresponden con la realidad, la verdad y la objetividad y, “efectivamente”, para el “nacionalismo lingüístico”, “Ño”.

 

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