Pedro Sánchez y el PSOE recurren, una vez más, al ‘Francomodín’ y a resucitar el guerracivilismo de las cainitas dos Españas que los españoles quisieron enterrar con el pacto por la reconciliación nacional de la Transición, y para ello utilizan sus Leyes de Memoria (en realidad de absoluta desmemoria histórica), para intentar salvar sus muebles.
Como el calamar utiliza su negra tinta cuando se encuentra acorralado, para confundir e intentar huir, Pedro Sánchez hace lo propio, para intentar ocultar, por un lado, sus graves problemas de corrupción y la cada vez mayor degradación política y debilidad de su gobierno. Y, por otro, intenta también reactivar a sus bases, con su recurrente y falsaria propaganda antifranquista y busca de paso dar mayor cohesión a su pacto con separatistas e izquierdistas (que fue una especie de reedición del Frente Popular del 36) que lo mantiene en el poder. Todos ellos quieren, en el fondo, ganar una guerra que perdieron y derrotar definitivamente a Franco 85 años después.
Sánchez no asistió en Valencia al funeral por las víctimas de la DANA, pero sí asistió, menos de 24 horas después, a un acto de homenaje a las victimas del franquismo, donde anunció con gran boato la celebración en 2025 de un centenar de actos de condena del franquismo para convertirlo en el año del antifranquismo, en el 50º aniversario de la muerte de Franco, que dicho sea de paso murió tranquilamente en su cama,
Pues, la verdad es que el régimen, sobre todo desde finales de los años 50 (con la apertura y el plan de estabilización) gozaba de un gran apoyo popular y la oposición real al franquismo hasta la muerte de Franco (el 20-11-1975), fue muy escasa y estaba representada básicamente por el PCE-PSUC y pequeños grupos de tendencia comunista o maoísta; los socialistas y los separatistas catalanes ni estaban ni se les esperaba.
Ahora, con sus Leyes de Memoria, pretende reescribir la historia e imponer por parte de izquierdistas, separatistas, presuntos progresistas y un sector de una acomplejada derecha, un determinado relato marcado por el sectarismo y la dialéctica maniquea del blanco o negro, donde desde su presunta superioridad moral, los republicanos del Frente Popular serían «los buenos» y los franquistas «los malos, muy malos».
En la misma línea, en Cataluña hace un par de días el Gobierno de Illa recuperaba y aprobaba la nefasta ley de memoria que promovió el ejecutivo separatista presidido por Aragonès, que había quedado en el aire por la convocatoria de las pasadas elecciones catalanas.
En la misma, entre otras cosas, se ignora a las victimas del Front Popular en Cataluña, se establecen duras sanciones a lo todo aquello que consideren como enaltecimiento del franquismo, se dan dos años para borrar definitivamente cualquier tipo de simbología considerada franquista (incluidos los cementerios) y se incorpora su sectario relato al currículum educativo; además se contempla la retirada definitiva del monumento a la Batalla del Ebro en Tortosa, a pesar de que en el año 2016 en referéndum (convocado por el Ayuntamiento de la ciudad) el 68 % de los vecinos votaron a favor de mantenerlo.

Pero, nada se cuenta de la terrible represión que se vivió en la retaguardia republicana presidida por Lluís Companys, de la que muy poco saben hoy los ciudadanos en general y los más jóvenes en particular, pues el asunto desde hace décadas se ha venido encubriendo o en el mejor de los casos subestimando o justificando. Aquí, a través de mociones, exposiciones, conferencias, documentales, reportajes y artículos en prensa no se para de repetir lo terrible que fue la represión franquista mientras se oculta sistemáticamente la terrible represión producida por parte del republicano Front Popular.
¿Sabían, por ejemplo, que en la Cataluña republicana del Front Popular, entre 1936 y 1939, según Paul Preston (historiador poco sospechoso de ser profranquista) las personas asesinadas en la retaguardia por el Front Popular fueron 8.352, muchas más que las producidas por la posterior represión franquista? ¿Sabían que dentro de los asesinados en Cataluña, 2.437 eran religiosos (4 obispos) y que se destruyeron o profanaron casi 4.000 edificios religiosos? ¿Sabían que los dirigentes anarquistas desde Radio Barcelona arengaban a las masas diciendo: “¡Matad, destruid, incendiad! (…) ¡Hay que destruir a la Iglesia!”.
¿Saben algo sobre las aterradoras checas del Front popular en Barcelona donde se torturaba y se asesinaba con una despiadada crueldad o saben algo de los terribles barcos prisión (Río Segre o Uruguay entre otros)? ¿Sabían que en los primeros meses de 1938 se crearon en Cataluña siete espantosos campos de concentración diseñados y controlados por el SIM (Servicio Inteligencia Militar) que estaba dirigido por agentes estalinistas que reprodujeron el ‘gulag” soviético? Seguramente no conocían ni estas, ni otras muchas atrocidades que podríamos relatar.
La historia hay que contarla completa, sin ocultaciones, sin tergiversaciones, sin prejuicios y sin propaganda, que es la más poderosa arma política para imponer la mentira. Pero Sánchez y sus socios no tienen ninguna intención de hacerlo. Al contrario, todos ellos, junto a medios de comunicación, profesores y pseudohistoriadores, seguirán con sus ocultaciones y sus manipulaciones, alimentando el victimismo, el separatismo y el discurso del odio contra España.
Aquí seguirán anteponiendo la ideología a la realidad. Y están decididos en reescribir la historia, adaptando todo rastro del pasado a las necesidades políticas e ideológicas del presente y del futuro. Aquí tiene que prevalecer como sea lo que impongan los nuevos “chekistas” de la Memoria Histórica que se sienten herederos de aquel nada ejemplar Front Popular del 36. Mientras por otro lado, estos mismos, promueven el olvido y pretenden blanquear la reciente historia terrorista y criminal de Terra Lliure en Cataluña y de ETA (y sus herederos de Bildu) en el País Vasco.
Ya lo predijo George Orwell en su novela ‘1984’: “Toda grabación ha sido destruida o falsificada, todo libro reescrito, toda fotografía retocada, toda estatua y edificio público rebautizado, toda fecha ha sido alterada. Y el proceso continúa día tras día y minuto a minuto. La Historia se ha detenido. Nada existe excepto un presente sin fin en el que el Partido siempre tiene razón”. En eso están, por ello es determinante responder a esas sectarias y manipuladoras campañas, con contundencia y sin complejos, exponiendo la verdad completa de los hechos históricos.
Salvador Caamaño Morado (autor del libro ‘Tarragona 1936. Terror en la retaguardia’ del que se ha publicado este año una tercera edición ampliada)
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