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Pedro Potter y el prisionero de Ablahkatalán

"El problema es que Sánchez, por este beso de dementor, nos dejará a todos los que vivimos en Cataluña convertidos en los prisioneros de Ablahkatalán"

Por Pau Guix
domingo, 4 de septiembre de 2022
en Opinión
14 mins read
Foto: Cristina Casanova

Foto: Cristina Casanova

 

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Contra la diáfana y explícita querencia de todos los nacionalistas periféricos que pululan por nuestra nación de eliminar la lengua española de todos los ámbitos de nuestra sociedad en los territorios donde sufrimos esa ominosa lacra nacionalista, Hablamos Español y Escuela de Todos, el conjunto de asociaciones catalanas de la resistencia al nacionalismo, han organizado diversas manifestaciones, concentraciones, puntos informativos y protestas para el próximo domingo 18 de septiembre.

Hablamos Español es una asociación que no necesita presentación y que lucha por la protección de nuestros derechos lingüísticos en todos los ámbitos, ya sea el educativo o el de las administraciones públicas, derechos que son repetidamente pisoteados cuando se trata de la lengua de nuestra nación, el español, en aquellas comunidades autónomas que están actualmente en manos de los rabiosos Iznoguds nacionalistas. El 18-S, Hablamos Español, dentro de su continua acción de defensa de los derechos de los hispanohablantes, había programado en las comunidades bilingües el comienzo de su campaña de calle El español en la vuelta al cole para animar a las familias a reclamar sus derechos lingüísticos.

Una semana después de la convocatoria de dicha campaña, Escuela de Todos anunció la convocatoria de una manifestación en Barcelona para el mismo día, bajo el lema Español, lengua vehicular, por los continuos atropellos del tramposo Gobierno lazi de la Generalitat y por su inaceptable desobediencia de las recientes sentencias judiciales que garantizan un mísero 25% de español en la educación para los hijos de aquellas familias que han sufrido un largo proceso judicial para ver reconocidos sus derechos (y pisoteados al acto). Hablamos Español decidió entonces mantener su campaña en el resto de ciudades españolas y extenderla a otras comunidades sin lengua cooficial, organizando puntos de concentración y protestas para que el mayor número posible de personas pueda mostrar su apoyo el 18-S, mientras que en Barcelona se adhiere a la manifestación de Escuela de Todos.

Sobre la representatividad social de Escuela de Todos no hay lugar a dudas, ya que es un compendio de quince asociaciones catalanas repletas de abnegados luchadores que llevan mucho tiempo resistiendo al nacionalismo, y que se han unido para lograr que todos los centros educativos en Cataluña impartan un mínimo de 25% de horas en español, a saber, Societat Civil Catalana, AMES, Asociación por la Tolerancia, Impulso Ciudadano, AEB, Centro Libre de Arte y Cultura, La Silenciosa, Alternativa Ciudadana Progresista, Els Segadors del Maresme, S’ha acabat!, ASIEC, Aixeca’t, ACPE, AMPAS Paralelas de ACPE y + con la Libertad. A todas ellas vaya mi respeto, cariño y admiración.

Debido a la existencia de estos vergonzosos sucesos que requieren la inusitada e incomprensible movilización de los demócratas en una democracia plena como es la española para defender sus derechos ya reconocidos constitucional y judicialmente, por enésima vez, yo, apesadumbrado como Quevedo en su famosísimo soneto, he mirado y he visto los muros de la patria mía desmoronados, por la carrera del nacionalismo cansados. Pero esta vez no solo he visto nacionalistas tratando de derribar los muros y romper nuestra nación, la paz social, la convivencia, el respeto, la democracia, la tolerancia, el territorio y la economía, he visto una mutación aún peor, los plurinacionalistas, esa nueva infección vírica que está pujando con más fuerza cada día.

Y dijo que son aún peores porque los plurinacionalistas equivaldrían al necesario proceso de empaquetado del genoma viral y de las proteínas accesorias del virus que contiene una célula y su transmisión a una nueva célula, es decir, que no son más que los tontos útiles ─infecciosos pero imprescindibles─ de una ideología, el nacionalismo, que por sí sola no ha conseguido demoler ─aún─ los muros patrios, a pesar de sus múltiples intentos y de contar con dichos tontos útiles ─en los grandes partidos tradicionales y en el propio Gobierno de la nación─ como agentes transmisores del mal nacionalista. Éramos pocos y parió la burra.

A través de estos nuevos estultos ─los plurinacionalistas─ se pone en cuestión la estructura territorial del Estado, su lengua oficial e incluso la propia historia, que queda completamente mixtificada en sus manos, inspirados por la retórica, la propaganda y el adoctrinamiento que han recogido de sus admirados socios nacionalistas con los que pactan cada vez que llegan al poder para mantenerse en él.

Los plurinacionalistas como Pedro Sánchez, José Luis Rodríguez Zapatero, Pablo Iglesias, el bailongo ministro Iceta (que cuenta naciones como quien cuenta ovejas), el coordinador general del PP Elías Bendodo (que afirmó recientemente que España era un Estado plurinacional) o el sospechoso de serlo, el candidato popular Feijóo (juzguen ustedes mismos, para ello me remito tanto a sus declaraciones en 2014 en el Cercle d’Economia de Barcelona en que afirmaba que Cataluña y Galicia tienen muchos elementos para ser consideradas naciones sin Estado como a su obra como presidente de la Xunta excluyendo cual BNG la lengua española de su comunidad del ámbito institucional, académico y cultural), son el enemigo interior, un hostil mucho más peligroso que cualquier nacionalista, puesto que es un enemigo invisible, es la carcoma que lentamente va devorando los pilares de sólida madera en los cuales se asienta nuestra nación pero cuyo proceso destructivo no vemos y del que no somos conscientes hasta que ya es demasiado tarde y la estructura, una vez devorada, cede y se derrumba sin remedio y sin viso de reconstrucción.

Los plurinacionalistas, como los sujetos de pruebas del experimento Milgram (en el que un sujeto seleccionado como maestro, a petición del sujeto activo experimentador, propinaba a otro sujeto, seleccionado como alumno, descargas eléctricas por los errores que este último cometiera), obedecen ciegamente a otro sujeto que, incomprensiblemente, consideran superior, sin cuestionarse ni lo que hacen o por qué lo hacen, renunciando a cualquier atisbo de principio ético o moral, exactamente lo mismo que argumentó Adolf Eichmann en su defensa en el juicio de Jerusalén (para él organizar el exterminio sistemático de seres humanos era meramente cumplir órdenes). Ya ven el peligro que comporta cualquier tipo de obediencia ciega y acrítica y que, por desgracia, parece ser consustancial a la naturaleza humana. Y no, no exagero, gracias a la Historia (y a los medios de comunicación en las últimas décadas) ya sabemos cómo acaban los disidentes de cualquier movimiento nacionalista o fundamentalista cuando estos, desafortunadamente, triunfan.

Yo no soy para nada (por una cuestión generacional, supongo) fan de la saga de Harry Potter; pero en ese lucrativo cosmonegocio de magia creado por J. K. Rowling, en una de sus novelas, Harry Potter y el prisionero de Azkaban, aparece una figura que me parece una extraordinaria metáfora del nacionalismo y sus adláteres: el dementor. El profesor Remus Lupin le cuenta a Harry Potter que “los dementores están entre las criaturas más nauseabundas del mundo. Infestan los lugares más oscuros y más sucios. Disfrutan con la desesperación y la destrucción ajenas, se llevan la paz, la esperanza y la alegría de cuánto les rodea. […] Si alguien se acerca mucho a un dementor, éste le quitará hasta el último sentimiento positivo y hasta el último recuerdo dichoso. Si puede, el dementor se alimentará de él hasta convertirlo en su semejante: en un ser desalmado y maligno. Le dejará sin otra cosa que las peores experiencias de su vida”. Añade que “el dementor sólo se baja la capucha para utilizar su última arma. Lo llaman el beso del dementor. Es lo que hacen los dementores a aquellos a los que quieren destruir completamente […] Pegan las mandíbulas a la boca de la víctima y le sorben el alma”.

A la pregunta de Harry Potter de si matan a sus víctimas, Lupin le responde: “No. Mucho peor que eso. Se puede vivir sin alma, mientras sigan funcionando el cerebro y el corazón. Pero no se puede tener conciencia de uno mismo, ni memoria, ni nada. No hay ninguna posibilidad de recuperarse. Uno se limita a existir. Como una concha vacía. Sin alma, perdido para siempre”. Vacíos, perdidos para siempre, como todos aquellos, nacionalistas o plurinacionalistas, que asistirán este once de septiembre a la enésima Diada de la marmota amarilla, después de haber recibido el beso del dementor del nacionalismo. Y seguramente a estos oficiantes amarillos les ha afectado mucho más que a nosotros (no hay que obviar que absolutamente todos desde el primer gobierno Pujol hemos recibido el ignominioso beso) porque como le asevera Lupin a Potter, “los dementores te afectan más que a los demás porque en tu pasado hay cosas horribles que los demás no tienen”, cosas horribles como la inquebrantable adhesión a una causa que es totalitaria, xenófoba, supremacista, clasista y excluyente, en definitiva, la quintaesencia de todo nacionalismo.

Pedro Sánchez, cual émulo de un joven Harry Potter, va descubriendo el mundo ─político─ a medida que va desarrollándose en él, y en este se ha topado con uno de los peores dementores que existe. Pedro Sánchez, transmutado en Pedro Potter, de horrible pasado, está gravemente afectado por la mesa de capitulación que se ha visto obligado a firmar con el dementor nacionalista, una de las criaturas más nauseabundas del mundo que infesta los lugares más oscuros y más sucios, y que le acabará sorbiendo el alma ─electoralmente hablando─ en los pocos meses que aún le quedan en el cargo.

El problema es que Sánchez, por este beso de dementor, nos dejará a todos los que vivimos en Cataluña convertidos en los prisioneros de Ablahkatalán… y en Galicia en los prisioneros de Ablahgalehgo… y en Vascongadas en los prisioneros de Ablahvaskuence. Y no solo él sino que a ello colaboran los plurinacionalistas que pueblan el buen vivir del cargo público aunque sean, incompresiblemente, miembros de un recurrente partido de gobierno de ámbito nacional, como es el caso de Valentín García Gómez, secretario general de Política Lingüística de la Xunta de Galicia, que el 23 de agosto dejó una serie de declaraciones para enmarcar en una entrevista para La Voz de Galicia: “En lo que tenemos que esforzarnos de verdad es que en los colegios se hable más gallego, pero en el patio, cuando salen a jugar… Ahí es donde se tiene que hablar más gallego, en los espacios de socialización”; “tenemos que crear una sociedad que hable más gallego”; “yo entiendo a los nacionalistas porque el nacionalismo es una forma de conservar”.

Previamente, en 2020, Alicia Padín, la coordinadora de la Rede de Dinamización Lingüística de Galicia, de la Conselleria de Cultura de la Xunta, aseveró que “ninguna persona culta debería hablar castellano en público”. Cambien gallego por catalán y dichas declaraciones podrían ser perfectamente de cualquier miembro de ERC, la CUP, Junts, Òdium Cultural, la ANC o Plataforma per la Llengua.

Pero no se lleven a engaños, en Cataluña, como en Galicia o en Vascogandas, la supresión de la lengua común de todos los españoles por parte de los sátrapas nacionalistas ─con la connivencia de sus asociados plurinacionalistas─ no solo supone la herramienta básica de su nation building, como explicaremos más adelante, sino que supone una terrible banalización de la sociedad ya que la condena a una autarquía cultural sin precedentes desde la Alta Edad Media porque todo fanatismo supone ineluctablemente la muerte del juicio crítico, del derecho a disentir y de cualquier manifestación cultural. Para muestra un botón, como recogió en su artículo de Libertad Digital en 2017, El pinganillo de Valle-Inclán, la inquebrantable Gloria Lago, presidenta de Hablamos Español y a quien todos debemos tanto.

Explica Lago que “en 2016 expiraron los derechos de autor de las obras de Valle-Inclán y el mundo del nacionalismo gallego lo celebró al grito de ¡Valle-Inclán ha quedado liberado!, como si la obra de Don Ramón hubiese permanecido secuestrada y oculta los últimos 80 años. Muy al contrario, ha estado deleitando y enriqueciendo a sus lectores, y dando lugar a más tesis y trabajos de investigación en todo el mundo que ningún otro autor gallego. Los nacionalistas, expertos en manipular el lenguaje, en realidad se referían a que ya no tendrán que respetar la voluntad de la familia del autor, que nunca ha querido que la obra de Valle se traduzca al gallego. El motivo de esta negativa lo condensó su nieto Joaquín en la siguiente afirmación: se traduce lo que no se entiende”.

Traducir Valle-Inclán al gallego y no volverlo a representar en Galicia nunca jamás en su lengua original, el español, demuestra lo que siempre he defendido: la lengua para los nacionalistas no es una herramienta de cultura y comunicación, es la base excluyente y convergente de su proyecto político y cuyo resultado es una autarquía cultural de productos de consumo obligado para los propios, de baja o pésima calidad y no exportables. Esa autarquía cultural evidentemente rechaza productos externos (entiéndase entre ellos también los productos locales pero en lengua española) ya que no son elementos transmisores de su proyecto de ingeniería social.

Y de esa autarquía cultural (que se convierte en social) viven espléndidamente dementores nacionalistas como los cargos de política lingüística de la Xunta citados ut supra o los lazis furibundos del Govern de la Generalitat, todos ellos monolingüistas (que no monolingües muy a su pesar). A estos dementores los acompañan siempre sus socios preferentes como el PSOE de Sánchez y su ectoplasmática aparición en Cataluña ─el PSC─, el BNG en Galicia, Compromís en la Comunidad valenciana o los filoetarras de Bildu en Vascongandas, por citar unos pocos de aquellos abducidos por las artes oscuras.

El 27 de julio, Sánchez, en la nefanda mesa de diálogo, prometió al Govern tanto desjudicializar el procés como proteger aún más el catalán. No se equivoquen, Sánchez no defiende ni protege nuestras valiosas y queridas lenguas regionales, lo que hace, al bailarle el agua a los nacionalistas, es un ataque sin precedentes a la lengua española, la lengua oficial de nuestra nación. Estos ataques actualmente se han recrudecido aún más: se puede observar perfectamente en todos aquellos ayuntamientos y comunidades con lengua cooficial en los que el PSOE ostenta el poder, como en Baleares o en Valencia. ¡Qué sería hoy en día de los nacionalistas sin el mercadeo de los plurinacionalistas!

Estos dementores hacen suyos los lemas e ideas de un socialista antecesor de Sánchez, el sedicioso Francisco Largo Caballero (1869-1946), que afirmaba a principios de los años 30 que “no creemos en la democracia como valor absoluto; tampoco creemos en la libertad” y que “si no nos permiten conquistar el poder con arreglo a la Constitución, tendremos que conquistarlo de otra manera”. No creen en la democracia ─ya lo demostraron con su fallido golpe de Estado de 2017─ y quieren conquistar el poder absoluto y absolutista para poder proclamar sus repúblicas de feria a lo largo y ancho de la periferia de la nación española. Y para ello, es del todo imprescindible para los nacionalistas acabar con la lengua española en los territorios que controlan políticamente; y lo tratan de hacer con la inestimable colaboración de su socio plurinacionalista monclovita, Pedro Potter, que parece que siempre esté en las nubes no jugando al quidditch sino más bien volando cual halcón.

La lengua única nacionalista, la lengua que se usará como vehicular en la enseñanza a costa de la expulsión de la lengua española en Cataluña o en otras comunidades bajo la bota del apartheid nacionalista, es la herramienta definitiva y definitoria sobre la que gravita todo su proyecto de nation building, hacernos creer diferentes ─y superiores─ al resto de los españoles y arrebatarnos cualquier atisbo emocional o afectivo hacia ellos y hacia la lengua común, nuestro idioma hablado por más de 500 millones de personas en todo el mundo.

A pesar de dicha riqueza, el español sigue siendo el caballo de batalla de los lazis en Cataluña y por ello es tan importante la asistencia el 18-S a los actos programados ya que los ataques no cesan: la nueva Síndica de Greuges se ha mostrado a favor de seguir arrinconando el español en las escuelas; el Govern mantendrá el catalán como lengua vehicular pese a que prevé que el Supremo anule más proyectos lingüísticos de colegios;  la Generalitat manifiesta abiertamente que incumplirá la sentencia del Supremo sobre la libertad lingüística; CCOO de Cataluña, el dementor egipcio que pone una mano delante y otra detrás ─para atrapar el mayor número posible de subvenciones─ se apunta a la campaña lazi No ens toqueu la llengua aunque realmente debería llamarse No ens toqueu la subvenció; y así un larguísimo etcétera de dardos envenenados que el Gobierno de la nación podría frenar de forma inmediata, como es el caso de las recientes leyes votadas en el Parlament para eludir ese 25% de español obligatorio en la educación catalana.

El consejero de Adoctrinamiento de la Generalitat (así debería llamarse su consejería en vez de Educación), Josep Gonzàlez-Cambray, ha impuesto este mismo mes de septiembre a las direcciones de los centros el implacable fin del 25% de español en las aulas. A partir del inicio del curso escolar de primaria y secundaria ordena que no se apliquen porcentajes y que la enseñanza de las lenguas debe adaptarse a la realidad sociocultural de cada zona (su realidad, la imaginaria, que no la nuestra).

Cambray ha afirmado que defenderá “la lengua catalana con más firmeza que nunca”, que no cumplirá la sentencia del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña ya que “no hay ningún centro que tenga que cumplir una resolución judicial que obligue a impartir el 25% de castellano” puesto que el curso escolar debe estar alejado de “injerencias judiciales” y ha añadido que “en la defensa del catalán nunca tenemos suficiente, por eso, nos ponemos a trabajar para incrementar el uso del catalán en nuestros centros educativos”. En fin, qué se puede esperar de alguien tan desesperado por hacerse perdonar por la tribu su pecado original de poseer un apellido aspanyol que escribe como Gonzàlez (sic) y lo hace compuesto añadiendo Cambray, ya que así parece que suena más de aquí, haciendo buenas de golpe las cinco leyes básicas sobre la estupidez humana que nos dejó para la eternidad el profesor Carlo Maria Cipolla.

Pero, como ya he dicho, la mejor ayuda y el éxito de los nacionalistas son sus necesitados ─de votos─ colaboradores plurinacionalistas, que al final asientan conniventemente las bases del protogolpismo nacionalista, con el paso de los años y de las cesiones, cuyos efectos no son inmediatos sino que son una masa de lenta fermentación. Recuerden que un nacionalista tiene todo el tiempo del mundo, puede fracasar 127 veces, lo único que necesita es triunfar solo una.

Esta realidad del protogolpismo nacionalista no solamente ha estado ausente del imaginario colectivo en los territorios ocupados por el nacionalismo sino del conjunto de España; y ahí radica el gran éxito de los nacionalismos ibéricos, en su falta de ser reconocidos y batallados cuando debería haberse hecho hace ya cuatro décadas porque ahora empieza a ser tarde y nos acercamos peligrosamente al Rubicón que, como sociedad y como nación, no podemos permitir que unos pocos nacionalistas puedan cruzar, con la inestimable ayuda de los tontos útiles plurinacionalistas como portaestandartes.

Algunos hemos escrito sobre ello durante mucho tiempo ─otros como Antonio Robles desde el pleistoceno de nuestra actual democracia─ pero no quisieron leernos; o si nos leyeron no nos quisieron creer, como les sucedió en su momento tanto al malogrado Gareth Jones como a Malcolm Muggeridge, periodistas que denunciaron aquel hecho de suma gravedad que estaba sucediendo en la República Socialista Soviética de Ucrania: el Holodomor o genocidio perpetrado por Stalin contra el pueblo ucraniano, con el que ─literalmente─ mató de hambre a cinco millones de personas. Sobre ello les recomiendo encarecidamente el visionado de Mr. Jones (2019) de la extraordinaria cineasta Agnieszka Holland o la sobrecogedora lectura de Hambruna roja (2017), de Anne Applebaum, y los espeluznantes testimonios fotográficos que acompañan a la edición de la colección Debate de Penguin Random House.

En ese gioiello, eterno y universal, que es El principito, de Antoine De Saint-Exupéry, el zorro, antes de partir, revela su secreto al principito: “No se ve bien sino con el corazón. Lo esencial es invisible a los ojos”, algo que ni Sánchez ni sus socios nacionalistas han logrado entender. A ellos sus ojos les engañan porque su corazón no ve, pero al principito ─como a nosotros─ sus ojos no le mienten porque su corazón es capaz de diferenciar una rosa, su rosa, entre las cinco mil que encuentra en el discurrir de su periplo en un bello jardín: “Su flor le había contado que era la única de su especie en el universo. Y he aquí que había cinco mil, todas semejantes, en un solo jardín”. Nosotros vemos nuestra rosa, nuestra lengua, nuestra sociedad, nuestra nación entre otras muchas, pero nuestro corazón también sabe diferenciarla, por mucho que amemos también nuestras otras lenguas y la gran riqueza cultural que emana de estas.

El nacionalismo y sus socios plurinacionalistas siempre nos habían contado que estábamos solos, que no existía más que una rosa que además no era la nuestra, nos habían querido hacer creer que éramos los únicos que nos oponíamos a su apartheid. Pero no somos una sola rosa… ni tampoco cinco mil rosas… el 18-S seremos muchísimas más, tanto en las carpas y concentraciones de Hablamos Español en todo el territorio nacional como en la gran manifestación de Escuela de Todos en Barcelona.

No estaremos solos, no seremos los únicos nunca más. Seremos decenas, cientos de miles, en nuestros jardines de rosas con miles de flores en cada uno, jardines en los cuales brotarán las renovadas raíces de la democracia, la libertad, el respeto, la igualdad, la fraternidad, la tolerancia y lo universal gracias a la simiente que traerá su presencia ─la de todos ustedes─; y de esas raíces nacerán esplendorosos y renovados rosales entre los que arraigará fuertemente todo aquello que unos pocos déspotas, totalitarios e incultos, nos quieren negar y arrebatar. Por ello, pocas veces la locución de Horacio será tan adecuada como para la manifestación, las concentraciones y las carpas del 18-S. Acudan, por favor, sin pensarlo. Carpe diem.

#YoVoy18SBCN #EspañolLenguaVehicular #18SLibertadLengua #18SHablamosEspañol

Pau Guix, 1 de septiembre de 2022 (foto: Cristina Casanova)

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