Siento mucho el dolor que estáis pasando.
Una vez más, en los peores momentos, la sociedad española da lo mejor de sí misma. pic.twitter.com/OcODv6PPxX
— Alberto Núñez Feijóo (@NunezFeijoo) January 19, 2026
La gestión política del desastre de Adamuz ha tomado un rumbo tan sombrío como la propia tragedia ferroviaria. Alberto Núñez Feijóo, líder del Partido Popular, ha denunciado este lunes la absoluta falta de comunicación por parte del Gobierno de Pedro Sánchez. Tras la muerte de 40 personas en las vías cordobesas, el Ejecutivo parece haber optado por el búnker y el silencio en lugar de la unidad de Estado.
El jefe de la oposición se desplazó esta tarde hasta el lugar del siniestro acompañado por el presidente de la Junta de Andalucía, Juanma Moreno. Desde allí, Feijóo fue tajante: el PP no tiene información alguna sobre la evolución de la situación ni sobre las causas del descarrilamiento. Lo que empezó como un contacto cordial entre gabinetes el domingo por la noche se ha transformado en un muro de opacidad gubernamental.
Resulta inaudito que, ante una emergencia nacional de este calibre, el principal partido de la oposición sea ignorado de forma sistemática. Según Feijóo, tras acordar el aplazamiento de la reunión prevista en Moncloa, el teléfono del Gobierno se ha quedado mudo. Ni de forma directa ni indirecta se han trasladado datos sobre el estado de los heridos críticos o el avance de los trabajos de rescate.
Este vacío informativo no es solo una descortesía institucional; es una muestra de la soberbia con la que el sanchismo suele gestionar las crisis. En momentos donde la transparencia debería ser la norma para transmitir tranquilidad a la ciudadanía, el Ejecutivo prefiere controlar el relato en solitario. La gravedad de lo ocurrido en Adamuz exigiría una lealtad que el Gobierno, a tenor de las quejas del PP, no está dispuesto a practicar.
Feijóo y Moreno Bonilla han podido comprobar de primera mano la magnitud de los daños en una visita cargada de simbolismo y respeto. Mientras tanto, en Madrid, la ausencia de una comparecencia detallada o de una mesa de seguimiento compartida con la oposición alimenta las sospechas de negligencia. El Gobierno tiene mucho que explicar y, al parecer, muy pocas ganas de compartir la verdad con el resto de fuerzas políticas.
La cifra de fallecidos ha ascendido a 40 personas, una realidad insoportable que debería haber forzado un gabinete de crisis conjunto. Sin embargo, la izquierda instalada en Moncloa parece más preocupada por protegerse de las críticas que por informar con rigor. Es el mismo patrón de conducta que hemos visto en otras tragedias: el repliegue táctico cuando la gestión del Ministerio de Transportes queda en evidencia.
La visita de Juanma Moreno a la zona también subraya la soledad de la administración autonómica frente al despliegue mediático, pero vacío, del Ejecutivo central. Andalucía está sufriendo las consecuencias directas de un fallo en la infraestructura estatal, y el trato recibido por sus representantes es el de meros espectadores. El desprecio a la lealtad institucional se ha convertido ya en la marca de la casa de esta legislatura.
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