El proceso separatista ha cambiado Cataluña, y España en general, con una mezcla explosiva de supremacismo, oportunismo, fanatismo, hispanofobia y cleptocracia. Es, dado que todavía no ha acabado, una auténtica epidemia que ha envenenado el alma de muchos catalanes y ha infectado a la política nacional. Ha sido una auténtica máquina de producir comportamientos intolerantes y, en muchos casos, alucinantes.
Han sido tantas las situaciones increíbles que el ‘procés’ ha generado que una tapa a la otra. Además, hay un momento en el que el aluvión de agresiones, frikadas, comportamientos que rozan el delirio mental y faltas de respeto nos puede desorientar.
Corremos el riesgo que en unos años muchas de las actitudes y acciones que muchos separatistas han desarrollado en los últimos años nos parezcan, simplemente, alucinaciones. Este olvido sería fruto de los intentos del PSOE y del PSC de enmascararlas con su “agenda del reencuentro”.
Podríamos llegar a pensar que solo fueron mitos o leyendas y que, en realidad, nunca hubo catalanes independentistas que, libremente, se metieron en jaulas o fueron a votar a un colegio electoral disfrazados de plátano o del personaje de manga Pikachu, que es de un amarillo intenso.
La Cataluña nacionalista ha producido tantas situaciones delirantes, o simplemente sorprendentes, durante el ‘procés’ que merece que las recordemos cuando España vuelva a ser un Estado de derecho en el que todos los españoles seamos libres e iguales y el separatismo sea un espacio político marginal excluido de los ámbitos de poder.
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