Recuerdo con nostalgia, pero a la vez como si fuera ayer, cómo hace ya más de siete años una ancianita subía los tres escalones que separaban la calle de la puerta de la comisaría. Entró, me dijo buenas tardes y se acercó al mostrador. Detrás estaba yo, en el ordenador, planificando mi servicio rutinario como único policía en la población. Le acerqué una silla y la invité a sentarse. Gracias me dijo, y a juzgar por sus ademanes y su mirada enseguida entendí que estaba angustiada.
Le pido ayuda por favor, me dijo la mujer. En ningún sitio me hacen caso, se escudan en que no tienen facultades para hacerlo.
Bueno pues cuénteme que, aunque solo, aquí estoy para ayudarla en lo que necesite, le dije.
La mujer me comentó que no era capaz de saber el paradero de un amigo suyo que ya no tenía familia, con el cual se encontraban y llamaban con asiduidad, que sabía que estaba enfermo, que ingresó en un hospital de Terrassa y que había llegado a sus oídos que había fallecido. A ella le horrorizaba y le angustiaba no saber si estaba vivo, muerto, y en ese caso donde estaría enterrado.
Nadie se interesó por ayudar a esta mujer.
Pues bien le dije, haré todo lo posible para darle una respuesta, la llamaré en cuanto sepa algo.
Ella se marchó agradeciendo mi predisposición.
Poco me costó saber dónde estaba enterrado su amigo y cuando falleció.
Al rato llamé a Montserrat, que era como se llamaba, para darle la triste noticia, pero me agradeció enormemente que por fin supiera qué había sido de su amigo. Su mente y su corazón, pese a la tristeza de la perdida de un ser querido, podrían descansar en paz.
En muestra de su agradecimiento, presentó un escrito al ayuntamiento por mi actuación.
Para un servidor público, estas muestras de agradecimiento tan sencillas y humildes son mucho más saciantes y satisfactorias que las medallas que puedan darte por descubrir un alijo de drogas.
Con esto quiero decir que todas nuestras buenas acciones son importantes y redundan en beneficio de toda la sociedad.
Montserrat probablemente no se encuentre hoy entre nosotros, pero me reconforta mucho saber que por mi parte se haya podido despedir de este mundo de una manera más confortable que si no hubiera sabido nada de su amigo.
Cierto es que en ningún protocolo pone que debas informar a un ciudadano de donde está enterrado un ser querido, pero tampoco está escrito que no puedas hacerlo. Lo que sí está escrito es que debes intervenir y ayudar al ciudadano en lo que esté en tu mano.
Respetando siempre las leyes y guiándote por la buena fe, si nos lo proponemos, podemos llegar muy lejos y sobre todo y más importante a muchos corazones.
Toni Sanz. Secretario de Politeia. Agente de Guardia Urbana
Pueden encontrar toda la información para suscribirse a elCatalán.es, y así apoyar nuestra labor, en este enlace. Si en vez de suscribirse prefieren hacer una donación puntual, pueden hacerlo aquí.
necesita tu apoyo económico para defender la españolidad de Cataluña y la igualdad de todos los españoles ante la ley.




















