Este miércoles ha fallecido Juan-Ramón Capella (Barcelona, 1939), catedrático emérito de Filosofía del Derecho, Moral y Política de la Universidad de Barcelona y uno de los primeros profesores de la Facultad de Derecho de la Universidad Autònoma de Barcelona tras su fundación (foto: imagen de archivo de un acto de Capella en la Complutense).
Era un marxista que perteneció al círculo de Manuel Sacristán, uno de los grandes teóricos de este pensamiento político en nuestro país. Era uno de los miembros del consejo de redacción, desde su fundación, de la revista ‘Mientras tanto’, la publicación de referencia del marxismo español.
Durante el proceso separatista catalán mantuvo posiciones muy críticas con la consulta ilegal del 1 de octubre, a la que definió como «un falso referéndum sin garantías». Por ejemplo, en ‘Mientras tanto’ dedicó estas líneas a la actuación del secesionismo:
«El independentismo catalán actúa como si no se diera cuenta de que ha sido derrotado políticamente y de que su ruidosa hegemonía social es sin embargo limitada, pues su modo de actuar le contrapone a la mayoría de la población de Cataluña y se la enajena.
El independentismo buscó legitimación para un proyecto ilegal en un simulacro de referéndum, el happening social del 1 de octubre de 2017: convocó a la población catalana a un referéndum ilegal, a sabiendas de que además no había censo, ni urnas transparentes y vacías, ni mesas electorales sorteadas, pudiéndose votar en cualquier parte, sin recuento fiable. Un falso referéndum sin garantías».
Y directamente definió como «desconfianza ‘racista'» la actitud de parte del independentismo: «(…) la obnubilación que han creado en sus bases sociales las induce a ver como extranjeros a quienes no comparten sus ideas en Cataluña, y su desconfianza hacia el régimen político español -un régimen de libertades deficiente, pero seguramente el mejor que hemos tenido nunca- se extiende a la sociedad española, incluso a sus conciudadanos: una desconfianza geográfica, o, lo que es lo mismo, una desconfianza racista. Esta obnubilación disparatada, impulsada por emociones cuyas teclas saben tocar muy bien los irresponsables políticos independentistas -esa catalanidad llorona, quejosa, ofendida por lo que quiere verse ofendida, creyente en un credo histórico sesgado cuando no imaginario-, es su principal aportación a nuestra desgraciada historia. Que los políticos independentistas hayan dado lugar a esto no es delictivo; es mucho peor que un delito: es una ruindad».
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