
¿Recuerdan cuando Carles Puigdemont, Quim Torra, Oriol Junqueras o Pere Aragonès negaban que hubiera fuga de empresas, o que los inversores internacionales huyeran de Cataluña? De hecho no funcionaba nada, ni la economía, ni los servicios públicos.
Lean el testimonio de Gonzalo de Oro, que en la actualidad es el presidente del grupo municipal de VOX en Barcelona, pero que durante los años de plomo del ‘procés’ se dedicaba a asesorar a clientes extranjeros. Lo contó en el libro ‘Flipando con el procés’ (Ediciones Hildy).
“Cuando trabajaba en una consultora vivía básicamente de clientes extranjeros que venían a invertir en Cataluña, y yo les guiaba. La mayoría eran israelís, una docena de grupos potentes que invertían casi todos en promoción inmobiliaria. En cuestión de unos seis meses no me quedó ni uno. Se fueron todos. La mayoría a Portugal e Italia. Algunos a Madrid, pero, en general, fuera de España. El dinero busca tranquilidad, y en aquel momento no solo en Barcelona se vivía mucha inestabilidad, también se contagió a todo el país. Pasé de facturar muchísimo a facturar cero”.
¿A alguien le extraña que, con una Generalitat incitando a la desobediencia, dando golpes de Estado e incitando a los disturbios públicos – ¿recuerdan el ‘apreteu, apreteu’ de Quim Torra? – los inversores salieran corriendo? Gonzalo de Oro solo ha narrado lo que vivieron muchas empresas que tenían clientes extranjeros que buscaban oportunidades para prosperar. Pero el dinero es cobarde y huye de los líos. Y ERC, Junts, la CUP, Òmnium y la ANC convirtieron a Cataluña en un infierno social, político y, por supuesto, económico.
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