Memoria histórica

Llevamos meses hablando del procés. Que si investimos a Puigdemont, a Sánchez, Artadi. Que si no es posible. Que si huyen. Que si Alemania. Que si Bélgica. Que si los CDR actúan en tal o cual sitio. Que si uno retira lazos amarillos. Que si otro los coloca. Que si vamos a elecciones…

Todo esto ya cansa. La sociedad catalana -y la española- tiene ganas de recuperar una normalidad que se perdió cuando Artur Mas decidió echarse al monte. Entre medio salen pequeños temas que nos distraen, pero siguen siendo banales.

Y para entretener a los barceloneses Ada Colau ha abierto el baúl de los recuerdos y, como Rodríguez Zapatero, ha sacado a pasear la memoria histórica. Es un tema recurrente. Vamos a revisar el pasado para tapar las malas actuaciones y gestiones políticas.

Una manera de distraer a la gente. En el fondo los revisionistas de izquierdas quieren, ochenta años después, ganar una guerra que perdieron.

Los hechos son los que son. Nos gustaran más o menos, pero son. Hace unos días fue a Madrid para inaugurar, con la alcaldesa Carmena, una exposición sobre la guerra civil. Una exposición parcial, pues hace apología del “No pasaran”. Reviviendo un hecho que sucedió, venden lo que nunca pasó.

Rodríguez Zapatero se equivocó con la ley de la memoria histórica. Aquí en Cataluña con el Memorial Democràtic se ha querido vender una película que nunca existió. Y es que no se puede hacer memoria cuando sólo se habla de un bando y se olvida el otro porque, como dicen ellos, “ya fueron homenajeados durante la dictadura”. Esto no es memoria histórica, es revanchismo.

Y ambos, junto con la exposición de Madrid, se fundan y sobreviven gracias al revanchismo de unos que quieren cambiar la historia. Seamos sinceros, en una guerra civil no hay ni vencedores ni vencidos: todos pierden.

Cuando se pacto olvidar el pasado, allá por la Transición, se puso fin a todas estas cosas. Quieren algunos memoria histórica. Sólo hace falta que recuerden una imagen para la historia. En la primera sesión de la Cortes democráticas se eligió a la persona de mayor edad para el puesto de presidente. Se escogió a Dolores Ibarruri La Pasionaria.

Aquella mujer fue aceptada por consenso y dirigió la cámara durante una sesión preliminar. Muchos, por no decir todos, los que estaban sentados en el Congreso conocían la vida y obra de La Pasionaria. Quizás a alguno se le removieron las tripas. Pero ahí estaba. Eso es memoria histórica y los revisionistas no lo cuentan. No les interesa.

Y es que buscan el morbo. Los puntos de unión no les interesan. Les gusta más explicar que unos fueron muy malos y los otros fueron víctimas de un golpe de estado. Que la República era un vergel.

Les encanta magnificar las excelencias de una República que fue un fracaso y que tenía poco de excelente. Por eso hubo un golpe de estado en julio de 1936. Pero no para derrocar la República, sino para hacer limpieza de políticos y reconducir la perversión y los abusos que se estaban cometiendo.

Es interesante que Ada Colau se vaya a Madrid a inaugurar una exposición y que no haga nada en Barcelona. Si quiere ser fiel a la memoria histórica de todos -no a la sectaria que encabeza- tiene mucho trabajo por hacer. Empezando por el gobierno republicano en Barcelona y terminando por las checas. Hace años se estableció un itinerario anarquista. Y ahí se acabó. La señora Colau puede hacer varios itinerarios por Barcelona. Estoy convencido que atraería turismo.

Todo esto no les convence. Ellos, dentro de su sectarismo, desconocen la historia completa. No les importa que haya familias que aún sufren y recuerdan a sus muertos asesinados por anarquistas, comunistas y miembros de ERC. Que en Barcelona se alimentaron cerdos con cadáveres de las checas. Que en la carretera de la Arrabassada se fusiló a muchos barceloneses. Que los cementerios barceloneses vivieron noche tras noche fusilamientos. Que todo el que no pensara como ellos era asesinado. Que muchas familias quedaron sesgadas. Que no había justicia en Barcelona… Todo esto no vende para la señora Colau. Pues sí vende.

Miles de familias, de ambos bandos, han sufrido en silencio la pérdida de un familiar. Quizás es hora de dejar los sectarismos y recordar, desde el rigor y la historiografía, lo que ocurrió en Barcelona de 1936 a 1939.

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