Un personaje siniestro, que ha escrito en el pasado artículos periodísticos de tono supremacista, como Quim Torra nunca debería haber sido escogido presidente de la Generalitat.
Cuando Pedro Sánchez le definió como el «Le Pen español» acertò. Porque no es otra cosa. Nunca la política catalana había caído tan bajo, porque Torra es indigno de representar a todos los ciudadanos de esta comunidad autónoma.
Es un personaje intelectualmente tan detestable, y tan cobarde, que busca de manera desaforada de pasar a la historia como un «héroe», pero sin que tenga consecuencias penales para él.
De ahí su chulería contra la Junta Electoral por el tema de los lazos amarillos y las pancartas. Si gana el pleito, quedará como un «valiente» por haber dejado unos lazos unos días. Si lo pierde y le inhabilitan, será para los secesionistas más hiperventilados el «héroe» que nunca fue.
Torra nunca fue un «valiente», porque ha ofendido, chuleado y presumido mucho, pero nunca ha traspasado la línea roja que le podía haber mandado a la cárcel. La causa que le sentará en el banquillo es menor, comparado con todo el odio que ha sembrado.
La inhabilitación se producirá o no, la Justicia decidirá, lo que sí queda claro es que para que Cataluña pueda recuperar un poco de dignidad, y que tenga una mínima posibilidad de que sus ciudadanos reparen lo que los políticos secesionistas han destrozado, personajes como Quim Torra han de ser desterrados de la vida pública. Y no por 18 meses, sino para siempre.
Comentario editorial de elCatalán.es
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