La ceremonia de entrega de los premios correspondientes al IV Concurso Literario España Solidaria, que desde hace cuatro años organiza la Asociación por la Tolerancia, alcanzó ayer, 26 de marzo, una nueva e insospechada cota.
Presentaba el acto Javier Osorio en nombre de la Junta Directiva. Le acompañaban en la mesa el reputado historiador y polígrafo Fernando García de Cortázar y Marita Rodríguez, también miembro de la Junta, quien iba a dar lectura a algunos párrafos de las obras premiadas.
En la sala se encontraba también Ricardo García Cárcel, Premio Nacional de Historia 2012, uno de cuyos libros, Historia de la Tolerancia en España (Madrid, Cátedra 2021), fue obsequiado a cada una de las profesoras que acompañaban a los ganadores del concurso. También nos acompañó Mapi Heras, viuda de Fernando Múgica Herzog, quien, siendo presidente del PSE, fue asesinado por ETA en 1996. Mapi se desplazó expresamente desde Madrid sólo para asistir a la ceremonia.
Javier Osorio, tras dar la bienvenida a los presentes y presentar a la mesa, explicó los objetivos del concurso que, tal como se concretan en las bases, son: “fomentar la escritura y el uso culto de la lengua española (o castellana) y contribuir a mejorar el conocimiento y la comprensión entre las gentes de España”. Resumió, luego, brevemente la trayectoria del certamen y su éxito creciente, en términos de participación y calidad, en estos cuatro años de andadura.
A continuación, se procedió a llamar al estrado a cada uno de los tres galardonados para recoger lo ganado y el aplauso del público. Junto a cada uno de los premios, se entregaba un ejemplar dedicado de la última obra de Fernando García de Cortázar, Paisajes de la Historia de España (Espasa, Barcelona, 2021), presentada precisamente ayer en nuestra ciudad por gentileza de Sociedad Civil Catalana.

La sala estaba muy concurrida por público joven que venía a respaldar a sus compañeros premiados y por las familias y profesores de los mismos, así como por algunos curiosos y miembros y simpatizantes de nuestra Asociación. Los asistentes se mostraron entusiastas y las ovaciones se sucedían cuando cada uno de los protagonistas se acercaba al estrado.
Tras cada una de las entregas se leían párrafos significativos de los trabajos respectivos. Los escritos eran muy diferentes entre sí y su evidente y progresiva calidad hacía que la actitud de los oyentes fuera cada vez más atenta, admirativa y, casi se podría decir, reverencial.
Terminadas las entregas y las lecturas, Javier Osorio cedió la palabra al ilustre invitado, Fernando García de Cortázar, que tuvo la virtud de captar y describir el clima que se había creado en la sala. Visiblemente turbado, afirmó que había sido uno de los actos de este tipo que más le había emocionado y podía advertirse con claridad que era completamente sincero. Le había tocado el corazón la calidad de los escritos y los valores que expresaban.
Contó la anécdota del condenado a muerte que escribe unas palabras de despedida antes de su ejecución y pide excusas por las faltas de ortografía que hubiera podido cometer. En la vergüenza que siente este hombre al no ser capaz de escribir correctamente, se revela qué importante es la lengua y cuánto podemos lamentar no haber advertido el valor de la palabra bien escrita. La lengua es lo que nos permite comunicarnos y, por ello, lo que más nos hermana por encima de nuestras diferencias. La lengua bien cuidada, como el arreglo personal, nos hace más agradables y distinguidos a los ojos de los demás.

En los trabajos presentados se puede detectar el amor por el idioma y se aprecia detrás el amor por la enseñanza, subrayado por la presencia de los profesores en la sala.
Siguió con una apasionada glosa de la lengua española y concluyó afirmando que, mientras siga habiendo chicos, chicas y profesores que amen así la cultura, podremos estar seguros de que nuestro tiempo está a salvo.
La belleza de sus palabras y su evidente emoción se comunicaron al público y se logró ese raro efecto catártico que produce la certeza de que hay una comunión de mentes y corazones en una colectividad. En suma, una ceremonia excepcional e inesperadamente emocionante.
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