Ser «facha» en Cataluña es formar parte de un club cada vez más amplio. Y es cada día hay más «fachas» en Cataluña, porque todo aquel que no lleva lazo amarillo en la solapa, la chepa o en el bolso, ha puesto media docena de esteladas en su balcón, ha señalado la casa de su vecino ‘unionista’ con pintura y tiene su casa llena de banderolas de «libertad presos políticos» y «free Junqueras» es considerado un «fascista», un «represor» y un «colono».
Si no te dedicas a ir a actos culturales para reventarlos al grito de “libertad presos políticos” o a sacar esteladas hasta con los pies para convertir un acto cultural en un aquelarre propagandístico eres un «fascista» de tomo y lomo. Si no cortas las calles, con la complicidad de los Mossos d’Esquadra y las autoridades municipales, para joder la vida a mis vecinos mientras paseo una pancarta con una foto gigantesca de Oriol Junqueras o Carles Puigdemont eres un «colono».
Ser «facha» en Cataluña consiste en defender las libertades civiles. Y los que nos tachan de «fachas» acostumbran a ser los que quieren despojar de derechos cívicos a millones de conciudadanos. Así que mejor que ser «facha» que miembro de la cofradía de Junqueras y Puigdemont y su aparato totalitario de propaganda.
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