El Ministerio de Educación ya ha pasado a las Comunidades Autónomas los primeros borradores de los currículos de la LOMLOE o ley Celaá. Algunos medios de información han tenido acceso a ellos y han visto, con sorpresa, que en lugar de un listado de contenidos a enseñar, hay una serie de valores ideológicos a transmitir, los del gobierno, y una serie de recomendaciones psicológicas que revelan la profesión de sus autores.
Entre los valores a transmitir está la ideología del género “trans”, es decir enseñar al alumno que no debe considerarse hombre o mujer en función de su sexo biológico, sino en función de cómo se sienta en aquel momento. Con ello, el Ministerio de Educación pretende introducir la obligación de plantear esta duda a todos los alumnos, lo que significa extender el problema de las personas “trans”, que son una pequeña minoría, a todo el resto de los alumnos, que no tienen ninguna duda al respecto. Hasta que este aspecto de los currículos no sea derogado, los padres han de exigir la potestad de negarse a que sus hijos sean instruidos en experimentos periódicos de sensaciones cambiantes sobre su sexualidad.
Otro de los valores a inculcar es el empoderamiento de las niñas, como derecho de las mujeres ante su discriminación en épocas anteriores, como si esta desigualdad fuera el mejor camino para conseguir la igualdad. También se pretende que los alumnos sean ecologistas, olvidando que lo que corresponde a la enseñanza es que los alumnos aprendan ecología, no que se hagan activistas del ecologismo, al igual que en las ciencias sociales el objetivo es que los alumnos aprendan, por ejemplo, lo que es el comunismo, el capitalismo, el anarquismo, etc., no que se hagan comunistas, capitalistas o anarquistas. Eso no sería enseñar, sino adoctrinar.
Entre los aspectos psicológicos que más han sorprendido, porque recuerdan a los informe que elaboran los psicólogos, están: que los alumnos adquieran destrezas emocionales y el sentido socioemocional aplicado a las Matemáticas, que crezcan de forma emocional y que conozcan la variedad de sus emociones, que desarrollen su resilencia, sus potencialidades y que sepan gestionar sus sentimientos. Por otro lado, se establece que las tareas sean gratificantes y que se procure el bienestar del alumnado.
Para entender de dónde salen todos esos objetivos y que haya desaparecido gran parte de los contenidos, algo que ha desconcertado a muchos maestros, baste decir que sus autores están coordinados por un profesor de psicología evolutiva, el señor César Coll, que ya estuvo en 1990 en la redacción de la LOGSE, la ley del PSOE con la que empezó la gran crisis de la enseñanza en España, como demuestran incesantemente las pruebas internacionales (PISA, TIMSS, PIRLS, etc,). Unas pruebas que al ser internacionales no pueden ser maquilladas por el Ministerio. Otro de los autores de la LOGSE fue Álvaro Marchesi, también catedrático de psicología evolutiva. Es sorprendente que tras los currículos educativos de un país no estén maestros de Primaria ni profesores de Secundaria, sino estudiosos de la psicología, que nunca han dado clases en un aula de Primaria o de Secundaria. Hasta que esto no se revierta, nuestro país no va a mejorar. Es de justicia aclarar que aunque muchas veces se dice que la culpa de todo esto es de los pedagogos, en realidad se debe a estos psicólogos, que son los que tratan a todos nuestros alumnos como si fueran niños con problemas psicológicos graves, incapaces del más mínimo esfuerzo.
La falta de bastantes contenidos en estos currículos y la falta de concreción de los niveles de exigencia también es un grave problema, porque en la escuela se educa a través de la enseñanza. Si no está claro lo que se ha de enseñar, al profesorado se le hace muy difícil educar a sus alumnos en la responsabilidad, la adquisición de hábitos de estudio, la necesidad de esforzarse, de superar dificultades, de ayudar a los compañeros, etc.
Los dos principales servicios que un Estado ofrece a los ciudadanos son la sanidad y la educación. El por qué los servicios sanitarios españoles son bastante buenos, como se ha visto en la pandemia de la Covid-19, mientras que los servicios educativos son bastantes malos, es porque el número de fallecidos en un hospital no se puede ocultar y si se diera un aumento significativo, se iniciaría una inspección médica con graves consecuencias para todo su personal. En cambio, el número de alumnos suspendidos en un centro educativo sí se puede ocultar, basta con aprobarlos y ya está, todo el mundo estará contento. La consecuencia es que no hace falta que los centros educativos se esfuercen en que sus alumnos aprendan más. Esto es lo que está pasando y lo que solo saben los profesores, que por razones obvias no pueden decirlo.
El PP acaba de anunciar que en cuanto llegue al poder derogará la LOMLOE. Las próximas elecciones generales están previstas para noviembre de 2023 y, según las encuestas, es posible que el PP, con la ayuda de VOX, llegue al gobierno. Por otro lado, todos los cambios curriculares que se están anunciando se aplicarían en los cursos impares a partir de septiembre de 2022 y en los cursos pares a partir de septiembre de 2023. Así pues, si la LOMLOE es derogada en noviembre de 2023, posiblemente todo el esfuerzo realizado por las editoriales de libros de texto y por sus autores no se va a poder amortizar. La conclusión es evidente, es mejor que las editoriales mantengan los textos actuales y que esperen a ver qué pasa, antes de arriesgar su dinero y de quemar por sobreesfuerzo a sus autores.
Mientras el PSOE y Podemos tengan como objetivo que todos los alumnos estudien lo mismo hasta los 16 años, pasando de un curso a otro, aunque lo suspendan todo, la falta de eficiencia de nuestro sistema educativo continuará bajando en picado y afectará más gravemente a nuestras Universidades, cosa que ya hace años que ha empezado. Para acabar con el fracaso escolar la solución no es el aprobado general como promueve la LOMLOE, sino pedir a cada alumno solo lo que con su esfuerzo puede alcanzar y esto se consigue estableciendo varios caminos en la ESO, para que cada alumno siga aquel que puede finalizar con éxito. Se les ha dicho millones de veces, pero ellos se niegan a aceptarlo por puro orgullo, despreciando los continuos fracasos en las pruebas internacionales.
Con un PSOE y una izquierda que no quieren moverse de su ideología desde hace ya treinta y un años (la LOGSE se aprobó en 1990), lo peor que podría pasar es que el PP, VOX y Ciudadanos pactaran con ellos una nueva ley de educación, porque es imposible que saliera bien. Lo mejor sería que estos partidos hicieran una nueva ley basada en la cultura del esfuerzo, con vías de diferente dificultad a partir de los 14 años y encaminada a sacar a los alumnos españoles de los últimos lugares en las pruebas internacionales. Hecho esto, nadie querría volver al modelo de la LOMLOE.
Para saber si una ley de educación es buena o no, simplemente se ha de mirar una cosa, que es si establecen o no pruebas externas con valor académico al final de la Primaria y al final de la ESO, es decir pruebas de Estado o reválidas cuya superación sea necesaria para pasar a la etapa siguiente. Estas pruebas son imprescindibles para asegurar a los alumnos, a sus padres y a la sociedad en general, que las calificaciones obtenidas en los centros realmente reflejan los niveles alcanzados. Los gobiernos las han de establecer y los padres y los profesores las han de apoyar, pese a las protestas callejeras que iniciarán algunas federaciones de AMPAs y muchos sindicatos de alumnos y profesores que están muy politizados, son los que siempre están en contra de la cultura del esfuerzo, por lo que no hay que hacerles ningún caso.
Antonio Jimeno Fernández. Presidente del Sindicato AMES
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