Los síntomas de teórica distensión son evidentes en la política catalana, y la moneda de cambio volveremos a ser los catalanes que nos sentimos españoles. Esquerra Republicana ha decidido alejarse de la ‘presidencia auténtica’ de Carles Puigdemont para abrazar el pragmatismo que la convierta en la nueva Convergencia post-pujolista, en el eje de la política catalana, cambiando la ‘sociovergencia’ de los 90 por el ‘socio-junquerismo’ que reparta Cataluña entre ERC y el PSC. Los indultos son el primer paso, luego vendrán las ‘negociaciones’ de la ‘mesa de diálogo’.
Siempre que a PSOE y PP les ha interesado negociar con el separatismo ahora, nacionalismo antaño, lo han hecho. Ahora lo hacen Pedro Sánchez y Miquel Iceta, pero. recordemos el buen rollito que se intentó crear entre la vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría y Oriol Junqueras, al que durante un tiempo los voceros del PP nos vendieron como “sensato”. Un “sensato” que montó un golpe de Estado.
Sin olvidar lo que le hicieron a Alejo Vidal-Quadras tras el pacto del Majestic, las pocas ganas de Felipe González de llevar lo de Banca Catalana hasta el final, los acuerdos presupuestarios en el Parlament entre Alicia Sánchez Camacho y Artur Mas, o tantos casos como gobiernos ha habido en los últimos 40 años.
Ante lo que tenemos enfrente, que es un presidente de la Generalitat de un partido supremacista como ERC – recordemos su reivindicación de un racista de tomo y lomo como Heribert Barrera -, unas hordas de radicales queriendo golpearnos y quitarnos nuestros derechos civiles, y unos partidos secesionistas que desprecian a la más de media Cataluña que no les vota, tenemos que unir fuerzas.
Pero eso no significa que vayamos a aceptar que ningún partido de ámbito nacional nos vuelva a vender. Ahora mismo hemos de plantar cara al secesionismo, y es lo más urgente. Comenzando por la vergüenza de indultar a quienes intentaron acabar con nuestra democracia. Es un aviso: si los partidos a los que votamos no nos representan y ponen por encima sus intereses a los de sus electores, crearemos otros. O apoyaremos de manera circunstancial otras siglas para darles una lección. Se acabaron las cartas blancas y la confianza sin límites. Si nos respetan, les respetaremos. Si no, buscaremos alternativas.
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