Ada Colau ha degradado, durante su mandato de más de seis años como alcaldesa, una ciudad tradicionalmente rica como Barcelona. Y lo ha hecho no solo desde el punto económico. Sus calles están llenas de basura y es cada vez más desagradable, en la que los patinetes y bicicletas circulan por donde les da la gana, con un gran riesgo para los peatones, sin que nadie se lo impida.
Los delincuentes han impuesto su ley en las calles barcelonesas y campan a sus anchas, actuando con gran violencia, mientras la Guardia Urbana, falta de agentes y de medios materiales y sin ningún tipo de apoyo político por parte de la alcaldesa, se ve cada día más impotente para afrontar la crisis de seguridad permanente en la que vive la ciudad.
La administración municipal es puro sectarismo, tras ser ocupada por los familiares y amigos de la alcaldesa y su camarilla. Para ellos no existe la crisis, ni necesitan apretarse el cinturón, ya lo hacen los barceloneses por ello. Es imprescindible que los comunes dejen el gobierno municipal que tanto han contribuido a degradar.
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