La situación política de Esquerra es un auténtico polvorín, con dimisiones a diario, lo que hace difícil prever si lo que buena parte de la prensa ‘progresista’ auguraba – el apoyo de esta formación a un tripartito con PSC y Comunes -, va a poder hacerse realidad. Y es que mientras los diversos sectores de ERC están enzarzados en una guerra de guerrillas, el pacto con los socialistas pasa a segundo plano.
El problema para Esquerra es que el 10 de junio se constituye el Parlament y tendrá que comenzar a decidir, con la elección del presidente de la cámara y la Mesa, cuál será su pareja de baile, o Salvador Illa, o Carles Puigdemont. Parece que el bloqueo y nuevas elecciones es la única opción que descartan todos los sectores enzarzados en la guerra civil que vive Esquerra. Sergi Sabrià, viceconsejero del Govern, ya ha anunciado su dimisión y sectores de ERC están buscando la destitución de Gabriel Rufián como portavoz en el Congreso para poner un diputado más separatista.
En este contexto, con un presidente de la formación – Oriol Junqueras – desautorizado por parte de la dirección, con un líder institucional – Pere Aragonès – dimitido y con una secretaria general de vacacione en Suiza – ellos lo llaman ‘exilio’ – y que ha anunciado su retirada, las elecciones europeas del 9-J se convierten en un elemento perturbador.
Si Esquerra empeora aún más los resultados conseguidos el 12 de mayo la pulsión autodestructiva de Esquerra puede emplearse a fondo. Por mucho que esta formación tenga centenares de cargos públicos en la Generalitat escogidos a dedo esperando a una solución a su situación personal, otra debacle electoral podría acabar con cualquier posibilidad de colaboración entre ERC y el PSC.
Y es que desde que Esquerra se convirtió en el fiel escudero de Pedro Sánchez ya llevan tres desastres electorales: municipales, generales y autonómicas. Un nuevo tropiezo en las europeas podría dar lugar a una revolución interna dentro de un partido asambleario muy dado a la bulla y al navajeo interno. Y más ahora cuando los dos dirigentes que trajeron cierta estabilidad a ERC – Rovira y Junqueras – están en plena guerra civil.
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