Cada vez que el Espanyol gana un partido en el RCDE Stadium, y a veces sin vencer, en las escaleras de bajada de la parte superior del Gol Cornellà, y también en las de la Grada Canito, se escucha de manera animada el cántico que parte de nuestra afición le dedicó a Gerard Piqué y a su ex mujer. A un no perico le podría sorprender que después de su retirada del fútbol el presidente ‘andorrano’ siga tan presente en nuestros recuerdos y ‘celebremos’ nuestras victorias entonando su nombre y sus peripecias familiares.
Pero es que Piqué se empeña en que no nos olvidemos de él y de vez en cuando nos suelta alguna lindeza, para conseguir titulares y así alimentar más su perfil mediático. Así que muchos pericos le replican cantando esta canción.
Por supuesto, deseo al Andorra, como a cualquier iniciativa que emprenda Piqué sea del tipo que sea, el fracaso más absoluto (aún me estoy riendo de su ‘éxito’ en la Copa Davis, que la iba a revolucionar y casi se la carga). Cada derrota del Andorra es cerrar la boca, aunque sea durante un rato, a un fantasmón al que le gusta fanfarronear de lo brillante, rico y ocurrente que es. Piqué, como Xavi Hernández o Pep Guardiola, son de esos culés que nos recuerdan, día tras día, porque aborrecemos todo lo que huele a nacionalbarcelonismo.
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