Las bibliotecas catalanas ocultan los libros críticos con el ‘procés’

Estantería biblioteca
Estantería de un biblioteca pública en Cataluña

Tras los hechos del otoño catalán en 2017, se han publicado numerosos libros que tratan de arrojar luz sobre el conflicto en Cataluña. El columnista David Jiménez Torres, por ejemplo, recomendaba en un artículo reciente tres de estos títulos: El golpe posmoderno (Debate), de Daniel Gascón; Habrá que jurar que todo esto ha ocurrido (La esfera de los libros), de Rafa Latorre; y Diccionario de lugares comunes sobre Cataluña (Deusto), de Juan Claudio de Ramón. El lector que desee comprar alguno de ellos —todos muy críticos con el nacionalismo catalán— podrá hacerlo sin problema, pues los tres han gozado de una amplia distribución. Sin embargo, quien resida en Cataluña y opte por tomarlos prestados en una biblioteca pública no lo tendrá tan fácil.

Y es que, mientras que las bibliotecas catalanas cuentan con abundantes ejemplares de obras favorables a las tesis secesionistas, apenas disponen de copias cuando se trata de libros escritos por autores no nacionalistas. Los tres ensayos citados dan fe de ello. Por ejemplo, de El golpe posmoderno —considerado por muchos el mejor estudio sobre la crisis catalana— el lector solo encontrará cuatro ejemplares en las bibliotecas de toda Cataluña: uno en Girona, otro en Hospitalet, un tercero en Olot y, por último, un cuarto en Barcelona. En cambio, si buscamos una obra como Llibertat d’excepció, de Beatriz Talegón, nos toparemos con la friolera de 93 ejemplares. No en vano, solo en la ciudad de Barcelona se encuentra en las estanterías de 17 bibliotecas distintas.

Por lo que respecta a las otras dos obras que recomendaba Jiménez Torres, Diccionario de lugares comunes sobre Cataluña y Habrá que jurar que todo esto ha ocurrido, ni siquiera figuran en el catálogo de las bibliotecas catalanas. La misma suerte que corre otro libro de considerable popularidad entre los lectores afines al constitucionalismo: No somos fachas, somos españoles, escrito por la columnista de El Mundo Emilia Landaluce.

De nuevo, si comparamos dichas ausencias con la abundancia de otros títulos de corte nacionalista, el contraste resulta abrumador. Así, Operació urnes de Laia Vicens y Xavi Tedó —una crónica que narra en clave heroica la gestación del referéndum ilegal del 1 de octubre— se encuentra disponible en 117 centros. Aún mayor es la presencia de un libro destinado al público infantil como Estimats Lluc i Joana: contes desde la presó, escrito por el dirigente procesado por rebelión Oriol Junqueras: puede localizarse en un total de 207 bibliotecas de toda Cataluña.

Consultado por El Catalán, el director del Servicio de Bibliotecas de la Generalitat, Josep Vives, niega que exista un sesgo ideológico en la selección de los libros. Según Vives, también presidente de la sectorial de Cultura en ERC, el “criterio principal a la hora de adquirir una obra es el interés que despertará en los futuros lectores, es decir, si se va a leer o no”. En este sentido, defiende que un “político como Junqueras es más popular que un autor más intelectual como Daniel Gascón”. Por otro lado, alega que la oferta de libros secesionistas es superior a la de obras constitucionalistas. “No podemos comprar lo que no existe”, explica.

Estas razones no convencen al escritor y filólogo en lengua catalana Xavier Pericay, para quien el desequilibrio entre autores nacionalistas y no nacionalistas observable en las bibliotecas catalanas solo puede recibir un nombre: “censura”. “¿Qué es, si no, la eliminación del libro de Gascón de las estanterías bibliotecarias?”, razona Pericay.

Según el escritor, uno de los padres intelectuales de Ciudadanos, esta práctica “se inscribe en el mismo proceder que la quema en la televisión pública de un ejemplar de la Constitución por parte de una periodista; que el lavado con lejía del suelo pisado por la legítima representante del partido político mayoritario en Cataluña; que el desprecio con que una integrante de una mesa electoral rechaza el saludo de la propia Inés Arrimadas; que el atropello sufrido en la Universidad Autónoma por Cayetana Álvarez de Toledo y demás participantes en un acto de campaña electoral ante la indiferencia de la propia rectora, etcétera”. Todos estos casos, a su parecer, son “ejemplos reveladores del proceder de quienes avalan ese ensayo de régimen xenófobo y totalitario”.

Por Óscar Benítez


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