El Barça de Joan Laporta, entre lonas cerca del Santiago Bernabéu y ‘palancas’, ha entrado en una decadencia impensable para un club que, hace pocos años, era el más temido, admirado y poderoso del mundo. Se ha pasado de dominar todas las competiciones, y ser la referencia para los equipos de élite, a cosechar ridículo tras ridículo en las competiciones europeas.
La situación económica del club azulgrana es muy delicada, con una deuda que supera de largo los mil millones de euros y un estadio por pagar, dado que la remodelación del Espai Barça – que incluye la construcción de un nuevo Palau Blaugrana y la remodelación del entorno – está moviendo cifras que superan los dos mil ochocientos millones de euros.
La duda es si un club que apenas cuenta en las competiciones europeas va a poder remontar una situación económica tan delicada, máxime cuando en vez de apretarse el cinturón se siguen haciendo fichajes cuestionables como el de Vitor Roque, que costó 31 millones de gastos fijos y otros 31 en variables, y que apenas ha aportado rendimiento al Barça.
Decadencia social del Barça de Laporta
Pero dónde se ve la decadencia del club es en detalles como que apenas veinte mil abonados renovaron su carnet en el Estadio Olímpico, acogiéndose a la moratoria por las obras del Camp Nou que les permite no perder sus derechos, o la famosa ola en Montjuïc cuando el equipo iba empatando en un partido liguero en abril de este año contra el Valencia. Los turistas que llenaron el coliseo azulgrana querían fiesta, lo que indignó a los socios culés que preferían los festejos para ocasiones más animadas. Eso sí, al final el Barça ganó el encuentro (4-2).
Sin olvidar cuando el Eintracht de Frankfurt eliminó al Barça en los cuartos de final de la Europa League de la temporada 2021-2022, con una humillación social sin precedentes. El problema no fue el desastre deportivo, sino que había más aficionados alemanes en el Camp Nou que socios culés, dado que muchos de ellos vendieron sus localidades mediante la opción del ‘asiento libre’ a miembros de la afición rival.
Ver el coliseo azulgrana lleno de camisetas blancas, el color del Eintracht, fue un golpe moral muy duro para una afición muy orgullosa que había dominado el planeta fútbol durante la etapa dorada de Leo Messi como jugador azulgrana. El Barça de Laporta ha degenerado social, deportiva y económicamente y su destino más probable es acabar como sociedad anónima deportiva en manos de algún fondo de inversión o algún jeque.
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