El pasado miércoles, durante la Diada de Sant Jordi, hice mi tradicional tour de firmas por varias casetas del ámbito de lucha contra el separatismo: Tolerancia/Aixeca’t, Impulso Ciudadano/AEB/S’ha Acabat! y VOX. Siempre hay algún tarado que escupe al suelo, te hace los cuernos con las manos o te insulta. Es lo que tiene la ‘revolución de las sonrisas’, que sus adeptos son de lo más desagradable.
Pero reconozco que lo de que me lanzaran mierda fue nuevo. Me pasó en el stand de VOX mientras estaba firmando libros con Pau Guix. Me distraje un momento para coger el teléfono y a los dos segundos había una tipa con muy mal aspecto, y con una evidente necesidad de tomarse una ducha, que se dedicó a sacar deposiciones de una bolsa de basura negra y a tirarlas sobre el stand.
Obviamente pensé que como mucha de esta gente cree en la autogestión esas deposiciones eran de cosecha propia y las había ido acumulando amorosamente durante días en la bolsa para luego hacer lo que ella consideraba un acto heroico. Lástima que no las hubiera usado como sucedáneo de los cereales en sus desayunos colectivos. Seguramente el cheque de papá de cada mes hace que no necesite recurrir a este tipo de alimentación alternativa pero que cumple de sobras el círculo virtuoso del reciclaje máximo.
Esto de lanzar basura y todo tipo de objetos a los que se oponen al separatismo se ha convertido en el deporte habitual en la Cataluña del procés y el postprocés. Antes con Quim Torra, y ahora Salvador Illa, lo de acosar y practicar escraches contra los resistentes al mal llamado espíritu del 1 de octubre sigue siendo una práctica muy de moda.
Ya hemos hablado en los últimos días de sobras en este mismo diario de todo lo que ha vivido S’ha Acabat! en la Universidad Autónoma de Barcelona y las amenazas que recibió el catedrático Rafael Arenas. No son dos excepciones sino más bien la norma de lo perseguida que está cualquier acción que moleste al independentismo triunfante.
El mal chiste que suelta Illa cuando asegura que el procés ha acabado se desmiente cada día con agresiones y amenazas de todo tipo. Pero como el PSC se ha sumado al golpe de Estado permanente independentista prefiere hacer como que no ve. Que no se preocupen que esto será un boomerang. Cuando menos se lo esperen les recordarán a los socialistas que los desprecian como al resto de catalanes que no son separatistas ‘pata negra’.
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