El fascismo ya está entre nosotros, entre los catalanes. Pero no por la más que posible irrupción de VOX, partido que respeta nuestro marco constitucional, en el Parlament, sino porque bandas de violentos separatistas llevan años actuando de manera impune con la complicidad o el silencio de los partidos secesionistas. Todas las formaciones no independentistas han sufrido sus agresiones verbales o físicas, su señalamiento de locales, sus insultos en carteles y en redes. PSC, Ciudadanos y PP llevan más de una década sufriendo a las bandas de las porras integradas por los ‘cachorros’ del separatismo.
Pero con la posible llegada de VOX a la cámara autonómica catalana se han encabritado aún más. La formación de Abascal, desde que consiguieron representación en el parlamento andaluz, ha pasado a ser el gran ‘coco’ del separatismo más violento. Hasta cohetes tiraron a simpatizantes del partido de Abascal durante una costillada que organizaron en un campo de fútbol en L’Hospitalet de Llobregat.
La geografía del odio separatista hacia VOX es larga en el poco más de una semana de campaña electoral que llevamos: Barcelona, Lérida, Gerona, Ripoll, Sabadell, Tarragona y Vic. En esta última ciudad barcelonesa los incidentes fueron aún más graves de lo habitual, y el vehículo en el que viajaban el candidato de esta formación, Ignacio Garriga y el secretario general, Javier Ortega Smith, sufrió graves daños.
Cataluña es una democracia en peligro desde hace años, a causa de los abusos del separatismo. Tenemos unos medios de comunicación de la Generalitat convertidos en herramientas de propaganda, que dan cobijo a personajes que solo se dedican a esparcir odios. El separatismo ha acabado con la neutralidad de las instituciones, y las ha llenado de sus símbolos partidistas. Han dilapidado millones y millones de dinero público en su publicidad ideológica, y han convertido a la enseñanza pública en un foco de adoctrinamiento infantil. Y no olvidemos como un puñado de radicales han convertido la Meridiana en su campamento de prácticas y queman banderas de España, y agreden o increpan a periodistas, vecinos y viandantes.
Pero lo que estamos viendo durante esta campaña electoral es puro fascismo. Violentos separatistas que campan a sus anchas, sin que los partidos que gobiernan Cataluña reprochen moralmente a estos matones su comportamiento criminal. Cada vez estamos más cerca de un enfrentamiento civil entre catalanes, porque es el clima social que desde hace años están creando ERC, Junts per Catalunya y la CUP. Prometían «democracia» y «no violencia» mientras intentan silenciar a los que no piensan como ellos y sus sicarios se dedican a intentar apalearles. En esto ha quedado la «revolución de las sonrisas» independentista.
NOTA: En estos momentos de crisis y de hundimiento de publicidad, elCatalán.es necesita ayuda para poder seguir con nuestra labor de apoyo al constitucionalismo y de denuncia de los abusos secesionistas. Si pueden, sea 2, 5, 10, 20 euros o lo que deseen hagan un donativo aquí).
necesita tu apoyo económico para defender la españolidad de Cataluña y la igualdad de todos los españoles ante la ley.

















