Comentario editorial
Hay una universidad, entre Sant Cugat y Bellaterra, que se vende como un centro de enseñanza superior de calidad, con un campus idílico en el que yacer sobre el césped y con unas viviendas para estudiantes que facilitan la plena integración en su comunidad. Hablamos de la UAB, conocida también como el campus de los palos.
El lugar en que los discrepantes con el nacionalismo son amenazados, se destrozan carpas informativas, se queman banderas rojigualdas y no se borran pintadas amenazantes hacia los que osan defender la buena convivencia entre todos los españoles y critican el separatismo.
Las pintadas ofensivas hacia entidades constitucionalistas como Societat Civil Catalana forman parte de la ‘decoración’ de la universidad.
El próximo 18 de diciembre los jóvenes de la entidad constitucionalista S’ha acabat! montan una carpa en el medio del campus, en la Plaça Cívica, para difundir sus actividades. Esperemos que los violentos no vuelvan a campar por sus anchas.
Cualquier joven constitucionalista puede relatar como los defensores de la ‘revolución de las sonrisas’ secesionista le acogen cuando solo quiere repartir folletos que defienden el respeto a la ley y la conveniencia que Cataluña siga formando parte, con lealtad, del proyecto común de todos los españoles.
Por supuesto, la policía nunca es tan eficiente como debería, y las autoridades académicas, encarnadas en su rectora, tienden a la equidistancia entre hostiadores y hostiados.
Nada nuevo. La alegre muchachada separatista lleva décadas campando a sus anchas por el campus de los palos. Rosa Díez. Narcís Serra. Jordi Solé Tura. Alejo Vidal-Quadras. José María Aznar. Todos ellos disfrutaron de la hospitalidad de la brigada de la porra.
Unos se quedan garantizando las esencias de la Autònoma mientras los otros se van colocando en las diversas administraciones y entidades sociales que controlan. En Cataluña no hay sorpresas, se ha llegado a la situación actual porque los secesionistas tenían, y tienen, un plan.
Los catalanes, de izquierdas y de derechas, católicos y ateos, monárquicos y republicanos, que defendemos que España es una nación avanzada, y que nos conviene seguir juntos, también tenemos un plan para que los defensores del campus de los palos no se salgan con la suya. Y se llama «democracia» y «respeto al Estado de Derecho».
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