Salvador Illa prometió una nueva etapa para Cataluña, basada en el pragmatismo y la neutralidad institucional. Sin embargo, la televisión pública catalana sigue funcionando exactamente igual que durante los años más álgidos del procés. Las promesas de regeneración democrática y renovación mediática han quedado guardadas en un cajón.
La Corporación Catalana de Medios Audiovisuales continúa bajo el control de los marcos conceptuales construidos por el separatismo. A pesar del cambio de inquilino en la Generalitat, el equipo directivo y la línea editorial apenas han sufrido alteraciones significativas. Los socialistas prefieren no incomodar a sus socios parlamentarios de Esquerra Republicana. Ahí siguen los ‘apóstoles’ del «Puta España» como Jair Domínguez, Joel Díaz o Peyu facturando a los medios de la Generalitat.
Durante años, el PSC denunció desde la oposición la falta de pluralidad en la cadena autonómica. Criticaba con dureza el uso sectario de los espacios informativos y el sesgo de sus programas de entretenimiento. Hoy, desde el poder, Salvador Illa demuestra una sorprendente complacencia con el statu quo mediático separatista.
El sesgo ideológico en los debates de análisis político permanece inalterado. Las tertulias siguen estando notoriamente descompensadas hacia postulados separatistas, mientras que las voces constitucionalistas continúan siendo testimoniales. El relato proyectado por la cadena no se ha adaptado a la nueva realidad política tras las elecciones. Las productoras controladas por el separatismo – la de Toni Soler o la de Oriol Soler, por poner solo dos ejemplos – siguen marcando el paso en TV3.
La financiación pública de la entidad sigue siendo astronómica y carece de exigencias reales de pluralismo. El gobierno de la Generalitat mantiene intacto con el dinero de todos los ciudadanos un modelo que solo representa a una parte de la sociedad catalana. La fiscalización que el socialismo exigía ayer ha quedado anulada por los peajes de su investidura.
Nada ha cambiado en la televisión pública catalana porque al PSC no le conviene romper el ecosistema mediático heredado. La supuesta «normalización» institucional abanderada por Illa se ha traducido en un pacto de no agresión con el nacionalismo. La ansiada neutralidad de TV3 era, una vez más, otra promesa electoral incumplida.
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