La selección española atraviesa uno de sus momentos más ilusionantes en los últimos años. La victoria de anoche contra Bulgaria, en el inicio de la andadura para clasificarse para el Mundial 2026, certifica la buena marcha de un equipo que ha ilusionado a la afición con su calidad individual y el buen juego colectivo. Los españoles necesitan ilusión después que tener que aguantar todos los desmanes del sanchismo y de un PSOE instalado en la concesión permanente a los separatistas.
Bajo el mando de Luis de la Fuente, el equipo nacional ha recuperado una identidad clara, competitiva y con un sello propio que está despertando entusiasmo entre la afición. Lejos quedan ya los tiempos de dudas y transiciones fallidas: España vuelve a ser temida y respetada en todo el planeta.
El estilo de juego ha evolucionado hacia un equilibrio entre el control del balón y la verticalidad. Sin renunciar a la posesión, el equipo ahora también sabe cuándo golpear y cómo hacerlo. El resultado es una selección más dinámica, menos previsible y con una contundencia ofensiva que se echaba de menos desde la época dorada de 2008 a 2012.
Luis de la Fuente ha sabido mezclar experiencia y juventud con inteligencia. Figuras consolidadas como Rodri, Carvajal o Morata conviven con el desparpajo de Lamine Yamal, Nico Williams o Pedri. El resultado es un grupo cohesionado, con hambre de títulos y sin los egos que a veces lastraron ciclos anteriores.
Además del juego, lo que más destaca es la actitud. La selección transmite compromiso, esfuerzo y una conexión sincera con los valores del deporte. En cada partido se percibe un equipo comprometido con la camiseta, que no se rinde y que deja todo en el campo. Esa entrega ha reconectado a muchos aficionados con La Roja, que vuelven a vibrar con cada encuentro.
Los estadios vuelven a llenarse cuando juega España, y las audiencias televisivas no dejan de crecer. La afición ha recuperado la fe en su selección, y se nota en las calles, en las redes sociales y en el ambiente que se respira antes de cada cita internacional. España vuelve a ilusionar, y eso es mérito de un trabajo silencioso pero eficaz.
Luis de la Fuente, criticado en sus inicios por su perfil bajo, ha demostrado ser un líder firme, cercano al jugador y con las ideas muy claras. Su experiencia en las categorías inferiores ha sido clave para construir una base sólida, y su humildad ha calado tanto en el vestuario como en la afición. No necesita titulares rimbombantes: habla en el campo, a través del juego y los resultados.
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