Los hooligans del catalán viven obsesionados con la imposición del idioma regional en todas las esferas de la sociedad. Cueste lo que cueste. Además, cuentan con el apoyo de la Generalitat, por supuesto. Buceando por las redes sociales hemos podido comprobar como dicha obsesión por eliminar el castellano llega incluso al etiquetado de los extintores de los edificios públicos, y no es ninguna broma. A este punto de fijación llega el asunto.
De hecho, el Palau Robert de Barcelona, centro cultural situado en el barcelonés paseo de Gracia, en la revisión de este año de los extintores que se encuentran en sus instalaciones ha atendido la queja de una usuaria para que estén rotulados en catalán.
De sobras es sabido que lo importante de un extintor es que se encuentre etiquetado en el idioma regional, y no que su funcionamiento sea óptimo si es necesario su uso. Entiéndase la ironía. El nivel de obsesión que tienen algunos en la comunidad autónoma para acabar con el castellano es digno de estudio. Afortunadamente, jamás lograrán acabar con el idioma más utilizado por la ciudadanía catalana.

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