Bajo mi mentalidad de jurista, por su especialidad siempre he catalogado a mis compañeros de profesión como civilistas, penalistas, laboralistas, administrativistas, etc…. pero desde hace ya años han aparecido en escena personas, asociaciones y partidos políticos que se llaman a sí mismos «constitucionalistas». Tengo que reconocer que esta acepción auto calificativa siempre me ha producido una cierta extrañeza, porque en esta categorización que he establecido anteriormente, un servidor que es doctor en Derecho en el Departamento de Teoría Política, Derecho Constitucional y Filosofía del Derecho de la Universidad de Barcelona, me puedo considerar sin ningún género de dudas como un constitucionalista, pero me cuesta entender que un señor o señora que no se atreve a pronunciar la palabra ‘España’, utiliza el subterfugio de ‘constitucionalista’ para referirse a su posicionamiento político frente a los nacionalistas vascos o catalanes.
Una Constitución es una ley suprema que articula unos derechos fundamentales, delimitando los poderes e instituciones de la organización política, que ya forman parte de los códigos normativos de las naciones-estado preestablecidas. Por ello las constituciones son necesarias pero no son el «todo», porque el todo es la nación y todo lo que ella representa.
Los que se definen como ‘constitucionalistas’ establecen como verdad indubitada que el nacionalismo es un mal absoluto, y por ello mantienen por definición que toda forma de nacionalismo, ya sea catalán, vasco, gallego o español, es malo por naturaleza, y con este argumento generalista se pretende equiparar a los nacionalistas españoles con los vascos o catalanes.
Todo Estado-nación es previo y preexistente a cualquier Constitución, y en el caso de España, si bien es conveniente que nuestra Constitución catalogue todos los derechos inherentes a la persona, esa protección estatal de los derechos humanos y civiles ya lo encontramos en el Liber Iudiciorum, el Fuero Juzgo, en las Partidas de Alfonso X, en las Leyes de Indias, en el Fuero de los Españoles, o en cualquier constitución anterior a la de 1978, que ya tenían incorporados gran parte de estos derechos no solo como cuerpo legislativo, sino como espíritu de la nación española.
Los que se llaman a sí mismos ‘constitucionalistas’, son los mismos que jamás han empuñado una bandera española, o simplemente no la han llevado en un pin en la solapa, porque «eso es muy facha», y son los mismos que en vez de decir «España» dicen «este país». Además se piensan que con erigir la consigna del constitucionalismo son capaces de contrarrestar al separatismo vasco y catalán, cuando todavía no han entendido que el separatismo es una idea, y una idea no se combate con una ley como es la Constitución, sino con una idea superior, como es la idea suprema de la Nación española como patrimonio histórico y cultural, que engloba y absorbe cualquier tipo de nacionalismo periférico, porque la parte forma parte del todo.
Los ‘constitucionalistas’ tampoco se han enterado que para los separatistas, por el respeto que le profesan, la Constitución española es solo papel, y posiblemente papel higiénico; y es muy difícil ganar una discusión esgrimiendo un rollo de papel higiénico. Algunos políticos que se autodefinen como constitucionalistas han dicho que hay que plantear la «batalla de las ideas» ¿pero cómo van a plantear esa batalla con ideas castradas, que solo defienden preceptos constitucionales?
Otro aspecto que demuestra la inutilidad del constitucionalismo, en el combate dialéctico contra el separatismo, se centra en que el día que previamente a la declaración de independencia el Parlamento de Cataluña proclame la Constitución de la república catalana, que será una constitución moderna equiparada a cualquiera otra europea, los primeros ‘constitucionalistas’ serán los señores y señoras de Junts, ERC y la CUP, y ese día los argumentos de los ‘constitucionalistas’ españoles serán pura retórica, que ya estarán incluidos en el ordenamiento jurídico catalán.
Los ‘constitucionalistas’ usan nuestra Constitución como si fuera un simple escudo para defender la integridad territorial de España, pero esta batalla de las ideas nunca se podrá ganar con un arma defensiva — por muy constitucional que sea — como es un escudo, sino con la espada firme y afilada de la Nación española.
Juan Carlos Segura Just. Diputado al Congreso GPVOX
NOTA: En estos momentos de crisis y de hundimiento de publicidad, elCatalán.es necesita ayuda para poder seguir con nuestra labor de apoyo al constitucionalismo y de denuncia de los abusos secesionistas. Si pueden, sea 2, 5, 10, 20 euros o lo que deseen hagan un donativo aquí).
necesita tu apoyo económico para defender la españolidad de Cataluña y la igualdad de todos los españoles ante la ley.



















