Han pillado al Barça pagando durante años a una empresa de Jose María Enríquez Negreira, vicepresidente del Comité Técnico de Árbitros, y, como estrategia de defensa, su poderosa armada de propagandistas culés están vendiendo que el Fútbol Club Barcelona fue una «víctima». Tal cual, y sin sonrojarse, con toneladas de cemento en la faz.
El Barça fue una «víctima» según las dos líneas de propaganda de sus voceros. Unos dicen que el club azulgrana pagaba para «compensar» los favores que otro club recibía y así garantizarse un trato justo. Y otros venden que fue una «víctima» de un timo, porque Enríquez Negreira — vicepresidente de dicho comité — no pintaba «nada» y solo vendía «humo». Pues fueron años y años de comprar «humo», porque cada mes pagaban sin que se dieran cuenta de la presunta «estafa».
Estas teorías, la de la «compensación» y la de la «estafa» son una vergüenza. El Barça pagó a la empresa de un dirigente arbitral durante años, y lo de los «informes» no hay quién se lo crea. Si esto le pasara a un club como el RCD Espanyol o el Betis, lo mandarían a Primera RFEF de cabeza, con una sanción económica ejemplar. Pero el «oro del Barcelona» es demasiado potente y su legión de aliados y propagandistas intentan enterrar el mayor escándalo del deporte español en décadas. Por menos, en Italia descendieron a la Juventus.
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