Los agentes de la Guardia Civil merecen un respeto, no solo en Cataluña, sino en todo el país. Se juegan la vida por defender la seguridad de todos los ciudadanos, además han de afrontar maratonianas jornadas laborales, con unos medios más bien precarios y por un salario que no es ninguna maravilla. Además, en Cataluña sufren el acoso de los radicales y el ataque continuo de la poderosa prensa separatista.
Si encima hablamos de que sus jefes políticos les ignoran bastante, y que casi nunca dan la cara por ellos – recuerden Alsasua o las continuas invasiones de la valla de Melilla sin tener el apoyo de sus responsables gubernamentales – hemos de concluir que son auténticos héroes.
Pero lo que sufren en Cataluña – o en el País Vasco y algunas zonas de Navarra – merece nuestra solidaridad y apoyo. Ellos son la última barrera contra la barbarie, nunca deberíamos olvidarlo y debemos agradecerles siempre su vocación de servicio.
El honor es su divisa, y por eso hemos de ser los ciudadanos los que reivindiquemos su labor y les rindamos homenaje. Ellos están a nuestro servicio, piden poco y dan mucho, por eso hemos de apoyarles frente a un poder político que, a menudo – y más con Sánchez – no reconoce su inmensa labor.
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