La geometría en Gaudí

«La Geometría es el lenguaje propio del Arquitecto, cuya principal misión consiste en alcanzar la calidad estética al hallar las formas geométricas propias de cada función estructural». Antonio Gaudí.

Antonio Gaudí es el gran innovador en la aplicación de nuevas estructuras geométricas a la Arquitectura. Sin desdeñar los elementos geométricos de la Arquitectura tradicional, basada en la rigurosa aplicación platónica de la regla y el compás, de donde derivan formas geométricas muy simples (triángulos, cuadrados y círculos en el plano; cubos, prismas, pirámides, cilindros, conos y esferas, en el espacio), con una capacidad casi milagrosa de utilizar todas las formas geométricas, Gaudí amplió de forma considerable el número de formas planas y espaciales aplicables a la Arquitectura, y no sólo como nueva morfología estética en el ámbito de la belleza, sino como componente estructural desde la perspectiva gravitatoria de las cargas.

Así que en su acervo geométrico encontramos: curvas parabólicas, catenarias, espirales, sinusoidales,…, en el plano, y sobre todo otras superficies regladas, además del cono y el cilindro, en el espacio: paraboloide, hiperboloide, helicoide y sus derivadas, compuestas por líneas rectas, que determinan superficies curvas en el espacio, y no regladas, en las que Gaudí encontró un campo fascinante de exploración, especialmente con respecto a la penetración de la luz.

Tres vías condujeron a Gaudí a trabajar con la Geometría de las superficies regladas: su dominio de la Geometría tridimensional, estudiada y asimilada con pasión desde su época de estudiante, su espíritu de geómetra experimentador y sobre todo las formas orgánicas naturales (troncos y frutos de árboles, huesos, crustáceos,…) que desde la niñez habían captado su atención:

«En la naturaleza está el principio y el fin de todas las formas». Aquí hay que buscar la sorprendente concepción de Gaudí sobre la originalidad, basada en la pura etimología de la palabra: «La originalidad consiste en volver al origen», como simple retorno a las formas y estructuras de la naturaleza geológica, botánica y anatómica, que según el sabio, debemos imitar y estudiar en toda experimentación.

Gaudí redundará, una y otra vez, en la proporción y la armonía como principios estéticos de la antigüedad: «Para que una obra arquitectónica sea bella, es necesario que se ajusten todos sus elementos en cuanto a situación, dimensión, forma y color»; todo ello es la base de la armonía:

«La cualidad esencial de la obra de arte es la armonía; en las obras plásticas nace de la luz. … Para la armonía, o lo que es lo mismo, el equilibrio, es necesario el contraste, luz y sombra, continuidad y discontinuidad, concavidad y convexidad».

Para Gaudí las armonías matemáticas suministran las proporciones adecuadas que componen la esencia de la belleza y son el reflejo de la armonía cósmica que rige el universo, sostenido por el creador como Arquitecto supremo, que infunde esa simpatía entre el microcosmos humano y el macrocosmos universal.

Subyace, pues, en la Geometría de Gaudí una vena mística que es inseparable de la concepción global de su obra, y así lo manifiesta de forma reiterada en sus frecuentes metáforas que quieren ilustrar sus formas geométricas. Esta capacidad casi divina de intuir las formas geométricas y percibirlas con los ojos de la mente, antes de plasmarlas en la realidad arquitectónica, es enfatizada por el propio Gaudí cuando escribe: «Yo soy geómetra que quiere decir hombre de síntesis, que es la capacidad de ver las cosas en su conjunto antes de realizarlas».

Con su fascinación por los elementos geométricos en los que se basa la belleza incomparable de su obra; por su capacidad de optimización que permite conseguir la máxima resistencia con el mínimo de materiales; por su insuperable originalidad al aplicar nuevas formas geométricas al servicio de la luz, el sonido y las cargas; por su magnífica síntesis dialéctica de la estética de la forma geométrica en apoyo de la estática de la estructura, por su brillante y equilibrada articulación de teoría y práctica, de arte, ciencia y técnica, de simplicidad y complejidad, de austeridad y ornamentación; y por otras muchas cualidades sin par, que tienen su base en la inteligencia, la experiencia y la observación, Gaudí fue un genio excepcional; pero sobre todo fue un sabio, que es mucho más que un científico o un artista, aunque también de ambas condiciones gozaba en grado sumo como científico de la Geometría al servicio del Arte, de un arte inteligible para todo el mundo.

Pedro Miguel González Urbaneja

Catedrático de Matemáticas


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