Pocas aficiones en el fútbol español pueden presumir del nivel de compromiso, entrega y pasión que ha mostrado la hinchada del RCD Espanyol durante la temporada 2024-25. En cada rincón de España, los pericos han llevado su escudo con orgullo, convirtiendo cada desplazamiento en una muestra de amor incondicional por los colores blanquiazules. Este hecho se ve reforzado porque más de 30.000 espanyolistas tienen un carnet de socio del club.
Tras el regreso a Primera División, lejos de apagarse, el entusiasmo creció. La afición entendió que era el momento de estar más unidos que nunca. Desde la primera jornada contra el Valladolid – fue una derrota por 1-0, pero con centenares de pericos en las gradas -, los seguidores del Espanyol organizaron caravanas de coches, trenes repletos de camisetas blanquiazules y viajes colectivos que han llenado gradas visitantes por toda la geografía española.
El cántico “Som-hi Espanyol” ha retumbado en cada campo, recordando a los rivales que este club no está solo. Aficionados de todas las edades, desde niños ilusionados hasta veteranos con décadas de fidelidad, han viajado cientos de kilómetros para alentar al equipo. Más de mil pericos vieron la derrota contra el Villarreal, y en las gradas de rivales como el Leganés, Osasuna o Valencia no faltaron centenares de espanyolistas bufanda en ristre.
Las redes sociales se convirtieron en una extensión del estadio: cada partido, cada desplazamiento, cada celebración o lamento fue compartido, viralizado y vivido con intensidad. El mensaje fue claro: el Espanyol puede caer en la tabla, pero su gente nunca dejará de levantarse con él.
A medida que avanzaba la temporada, el vestuario reconoció públicamente el papel determinante de su afición. Jugadores y cuerpo técnico no han escatimado elogios al “jugador número 12”, al que consideran clave en los momentos difíciles y en las victorias que mantienen vivo el sueño del ascenso.
Porque más allá del resultado final, esta temporada ha dejado una certeza: el RCD Espanyol tiene una de las aficiones más fieles de España. Una hinchada que no entiende de categorías, que no abandona cuando duele, y que sigue caminando con la frente en alto. Una afición que, más que nunca, ha demostrado que el alma del club está en su gente.
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